Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

EXPEDICION DE ALVARADO 165 el de "defender la sierra contra una agresión ulterior"; fuese el de ,apoyar al ejército del general en jefe, si éste decidiérase a pasar la cordillera". Batido o ahuyentado aún más Carratalá, "veríanse, cuan– to antes, fuera de la autoridad del virrey, todas las provincias situa– das alrededor de Lima; y se multiplicarían, a lo menos, las dificulta– des para el ejército español", así como "los medios de resisten– cia para los patriotas, caso de no tener lugar las combinaciones pro– puestas al general en jefe" (3). ¿Qué combinaciones eran éstas? ¿Cuáles su alcance y su impor– tancia? ¿Quién el proponente?. Ya lo veremos en otro capítulo. IV Batir o alejar aún más a Carratalá: he ahí, como se acaba de decir, uno de los objetivos, el más urgente y próximo de los perse– guidos, en esta segunda campaña penetratoria, por el experto y se– sudo general. Influyó también en la presteza con que se inició esta nueva cam– paña, una orden de San Martín, quien, teniendo en mira la probable pactación de una suspensión de hostilidades definitiva, o, por lo menos, duradera, con el consiguiente statu qua de permanencia en las zonas respectivamente poseídas por los contendores, recomenda– ba la utilidad de ocupar la mayor extensión posible de territorio. En consecuencia, una vez terminados el armisticio el 12 de junio, y su prórroga de doce días (el 24), proveyó Arenales, incontinenti, ía segunda salida de Alvarado, al mando de su consabida vanguar– dia de setecientos hombres; número superior al de las fuerzas de Carratalá (seiscientas plazas), que, permaneciendo en Huando, pre– sentábanse aún más disminuídas por la ausencia del destacamento (de ciento veinte) encargado de resguardar, defender y, en último caso, volar el puente de Izcuchaca. Salida esa vanguardia el 26 de junio, procedió a reandar la sen– da primitiva, con vencimiento de las conocidas dificultades, hasta que el 29, al medio día, coronó inopinadamente el círculo de cum– bres en que se aconcha, como dentro de un embudo, el pueblecillo de Huando. Pudo la sorpresa ser total y decisiva, por no haber Ca– rratalá percibido de pronto esa presentación de fuerzas contrarias cuando el "prematuro ardor" de los cazadores numantinos que, lle~ ~ando el puesto de honor que les correspondía, iban a la cabeza de la columna, advirtió del peligro, antes de tiempo, a los hispanos. Los (3) Op . cit., págs . 104 y 105 .

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