Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
?158 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ de sus tropas, la simpatía general (6), atrayéndose la opinión, y en– sanchando sus fuerzas y elementos con las abnegadas ofrendas cívi– cas y económicas de todos los pueblos. No desempeñando otra misión que la de inquietar al adversario; molestarle desde lejos; hostilizarlo en lo posible, sin librar con él acción alguna; observar sus movimientos y participarlos a Lima, con– $ervando, al efecto, con parte del territorio amagado por la invasión, las comunicaciones con la capital; el coronel español desenvclvía brillantemente su papel; pero con esta doble mortificación para su orgullo: la de no poder, como hubiera querido, sorprender y aun aniquilar, siquiera en parte, las tropas del contrario, tan aguerridas como las suyas y superiores en cifra a su nómade columna (ya que la sola vanguardia independiente contaba más de setecientas plazas, en tanto que las suyas no pasaban de seiscientas); y la de ver cómo, día a día, era repudiada su causa hasta por los míseros autóctonos, todos declarados en plena rebeldía, afectos por entero al régimen de la libertad, y dedicados a servirlo y ayudarlo, con una decisión que no comprendía la obcecada ceguedad del futuro vencedor de Zumala– cárregui. La soberbia del soldado antinapoleónico, y el puntillo tinteri– llesco del abogado de provincia, subleváronse así contra aquellos a quienes, desde mucho antes, reputaba irreconciliables enemigos; in– clinándole a incidir, por vocación y por sistema, en aquellos arran– ques neronianos que le dieron tan horrenda y triste celebridad. Tal fue el de Chupaca, que no cede, en negrura y maldad, a los anteriores del Cerro y Reyes, ni a los posteriores de Cangallo. V Salido de Concepción, como sabemos, esguazó el río el mismo 25 de mayo, ya casi en los aledaños de la subdelegación huancayina; dejó a su retaguardia aquel estorbo, que interrumpía sus comunica- (6) "La estricta y metódica disciplina que sostuvo siempre el general Are– nales, contribuyó sobremanera a captarle la benevolencia general de los pue– blos, Y aun a desimpresionar a muchos sujetos y familias respetables, que, de otro modo, jamás hubieran abjurado de sus ideas realistas como lo hicieron. Los soldados patriotas, por otra parte, eran sumamente ;ubordinados, silen– ciosos, constantes en el sufrimiento y extremadamente adictos a sus oficiales. Estos no acostumbraban abusar de la generosidad y condescendencia popu– lares: en su trato suave y complaciente ofrecieron siempre a los habitantes un vei:t.ajoso co~cep~?· en contraposición al chocante orgullo y altanería de Jos oficiales reahstas .- Memorias cits., págs. 85 y 86.
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