Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

DE TARMA A HUANCAYO 157 ataque, para el golpe decisivo que era de suponerse; pero viose con asombro y aun con espanto, que, tras la actitud impasible en que se había encerrado el temeroso jefe de E.M. divisionario (actitud para esos valientes inaudita e inexplicable), la única orden que éste expe– .día era la de retroceder. No faltaron subalternos que balbucearan respetuosos algunas alegaciones sobre la oportunidad brillante que se perdía, sobre la facilidad de la persecución y la probabilidad de un éxito favorable. Carratalá, llevaba seiscientos buenos soldados; pero ellos eran tam– bién setecientos veteranos, capaces de hacer morder el polvo al ene– migo. Gamarra ni oía ni se sinceraba. La orden de retroceso fue un capricho; y el reingreso en Jauja, una sorpresa general; algo más, una vergüenza, un cuadro triste y desairado (4). Para el general una explosión de rabia. No hay que decir que Gamara viose tratado con dureza y echado malamente de la presencia de su superior, que no volvió a hacer mérito de un sujeto a quien, desde entonces, vio con un desprecio o una indiferencia no disimulados; y sólo ocupóse de él, para expresar esos sentimientos a San Martín (5). IV Carratalá, buen militar, y a la vez culto doctor alicantino, con d alto prestigio (que ningún otro podía disputarle) de ser el letra– do único de su ejército, jactábase, entre tanto, de atraer a Arenales sobre sus huellas, sin ningún resultado práctico (según él); ya que hacíale la "guerra de los escitas", consistente en retirarse, retirarse y retroceder, retroceder y huír, sin dar cara jamás al enemigo. Sólo que, mientras los perseguidores de aquellos bárbaros, internándose en sus heladas estepas, marchaban a un fracaso seguro, y hasta a una ruina total, Arenales procedía conquistándose, con su conducta y la (4) "La división no pudo disimular la novedad que le había causado la conducta de su jefe".- Id., loe. cit. (5) "Este extraño incidente debió arrancar en el acto al general Arenales una medida ejemplar que impidiera su repetición en lo futuro; pero tuvo que atemperarse a las repetidas recomendaciones que le había hecho el general en jefe por el coronel Gamarra, recomendaciones fundadas tal vez en la polí– tica que aquél ostentaba, de halagar a los oficiales pasados, para fomentar más rápidamente la disolución del ejército enemigo. Sea cual fuere el grado de prudencia con que esta política fuese conducida, Arenales se creyó siempre en el deber de respetarla. Pero estas y otras ocurrencias no menos graves, le obligaron poco después a dirigir a S. E. un claro y circunstanciado infor– me sobre objetos de disciplina, cuyo contenido pudo serle útil por entonces y para lo futuro. A lo menos, ponía a cubierto la responsabilidad del general Arenales". Op. cit., págs. 96 y 97.

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