Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

,148 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ El jefe patriota salió con estas fuerzas sobre Reyes, ya entrada la noche del 12; pero, aunque la intención y las instrucciones de Arenales fuesen dirigidas a hacer que "Carratalá no escapase del des– tino de que se había hecho digno", Alvarado parecía llevar in mente el propósito de no practicar lo necesario y suficiente para llenar tal objetivo, ya que, en esta ocasión, como en toda la campaña, dio únicamente muestra de inhabilidad y pesadez intolerables, al extre– mo de convertirse en ángel malo o sombra negra de la expedición, de perder la estimación profunda que teníale su superior, y dar a éste las más frecuentes y profundas desazones, como ya veremos. II No obstante la planicidad y las insignificantes dificultades de la senda (de Paseo a Reyes) (2) tendida sobre la vastísima mesa de Junín, tal jefe, en efecto, anduvo con pies de plomo; porque no ven– ció, en toda la noche, sino diez de las doce leguas de distancia entre ambos pueblos, deteniéndose calambrosamente en plena ruta, a só– lo dos leguas del punto de destino; y permitiendo así a los españoles, impuestos con antelación de su venida, retirarse tranquilamente a la del alba, después de prender fuego al desdichado lugarejo al que Alvarado debió y pudo brindar auxilio oportunamente, y en el cual no se presentó sino a las diez de la mañana del siguiente día (13 de mayo). Dijo el jefe del regimiento de Granaderos de a caballo, en el parte de esa fecha, recibido por Arenales veinticuatro horas más tarde, esto es, a las diez de la mañana del 14, que "el frío excesivo de aquella noche había inutilizado a su tropa para combatir". Ello es que, como siempre, llegó tarde; y que el incendio, que hubiera podido apagarse a tiempo, si hubiese llegado la tropa independiente unas horas antes, era ya cosa irreductible en los momentos de pre– sentarse aquélla con su pesado e irresoluto coronel. El siniestro a que aludimos fue a todas luces un crimen sin expli– cación ni fundamento. Dos oficiales realistas, hospedados en una de las cas~s de Reyes, acosados por el frío pungente de aquella alta zona, encendieron fuego para calentarse, y se durmieron después de cerra~ herméticamente la habitación que dábales albergue. Gente ru– da e ignorante de las consecuencias que, en paraje sin renovación . ~2) Exc~pto las vueltas y revueltas exigidas para el paso de la calzada mcaica (cammo de los Incas), de que ya se habló anteriormente. V. los ca– pítulos relativos.

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