Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
DE HUAURA A PASCO 145 siguiesen sus huellas desde Oyón, cualquiera que fuese el punto en que la división encontrárase, así la impedimenta militar (especial– mente el parque), como los enfermos, las familias de los emigrados, los equipajes de aquéllas, de los jefes, oficiales, etc. Luego pretendió avanzar él mismo; si bien, visto el estado de la pampa superior, al– fombrada por un manto inacabable y espesísimo de nieve, en que la marcha a pie sería imposible, y dado el frío rígido imperante, opues– to a todo "orden militar", después de oída la opinión de la mayoría de los jefes, decidió permanecer, en el campamento escogido, todo el día 10 de mayo, a la espera de que la nieve cediese y el tiempo en general se mejorase. XI Rompióse la caminata nuevamente en la madrugada del 11, por haber ocurrido lo primero, según habitualmente se observa a renglón seguido de las nevadas copiosas. Con todo, no dejó de ne– var en todo el día. Ansiosos los soldados de hacer entrar el cuerpo en calor, aprietan el avance y ganan sin gran fatiga algunas leguas. Un destacamento avanzado de granaderos tropieza, a las dos en pun, to, con ciento cincuenta húsares contrarios. Aquéllos embisten, y és– tos huyen. Se ve que los reconocimientos enemigos no desmayan un segundo y los destacamentos de observación se suceden, quizá con el propósito, ciertamente peligroso para los independientes, de tender una emboscada o efectuar una acometida en plena ruta y su consi– guiente desorden, cuando los soldados negros y en general todos los argentinos están poco menos que inutilizados por el rigor del frío y de la nieve. Se ve, en efecto, que los españoles persisten en su ac-– titud de avizoramiento, si bien fuera de tiro. Arenales se detiene en la hacienda del Diezmo a sólo seis leguas del Cerro, y, procurando el orden posible en sus castigadas filas, a la vez que una protección contra la lluvia nívea que parece no querer acabar nunca, tiende aquellas filas cabe los tapiales pétreos y espinosos de los potreros del fundo, y bajo los alares de la casa-hacienda y su caserío; edificios, unos, de adobe y paja, otros de piedra y tejas, pero todos más clemen– tes y abrigados que la hoya maldita y demás albergues hallados en Jas noches precedentes. XII Allí, de modo positivo sábese al cabo que Carratalá se encuentra otra vez, en Paseo con toda su gente, y que no piensa, por su actitud inmóvil (salvo aquella avanzada de que ya se habló), promover el
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