Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

144 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ Pronto súpose lo acontecido. La descubierta de Aldao acababa de trenzarse, repentina, entre la niebla, aconchadas en la hoyada ya aludida, con otra avanzada del coronel español, compuesta de ciento y tantos húsares escogidos. Dos descargas súbitas y el fuego granado subsiguiente, habían sido el motivo de la reciente alarma. Aldao se presentó en el acto, a dar parte del suceso, conforme a sus instruc– ciones. Dijo que el oficial destacado hacia delante "no había podido me– nos que empeñarse (en ese momentáneo tiroteo), para salvar a algu– nos de sus soldados, que no podrían retirarse por habérseles can– sado" los bridones. Tres o cuatro de los mismos habrían, con todo, caído prisioneros. Desprendió entonces Arenales a cien de sus gra– naderos de a caballo, para que, disparándose en unión de Aldao, em– bistieran a los importunos, o los persig{iieran en su probable fuga. Estos, en efecto, por los tres soldados de "Granaderos del Perú" (12) acabados de coger impusiéronse de la inminente presencia de la to– talidad de la división invadiente; y en consecuencia retiráronse con todo apresuramiento, haciendo así imposible una persecución que, por el espacio y el tiempo requeridos para salvar la depresión inter– puesta habría de resultar "inútil", por fatigosa y dilatada. X Cerca de las cuatro más o menos, se acampó en el fondo mis– mo de la enunciada depresión, buscando algún refugio contra el viento helado que soplaba sobre el páramo y contra la nevada que hacíase más recia. Encendióse una línea de fogatas, desgraciadamen– te apagadas en breve, con lo cual se hubo de acudir a deshacer las resecas techumbres y tablazón "de una casa vieja abandonada", por milagro existente en esas inclementes y solitarias alturas. El alivio, sin embargo fue un engaño. Los copos de nieve caídos del espacio nebuloso azotaron oblicua, copiosamente, el flanco oriental de la hoyada, precisamente aquél en que pernoctaban los independientes,. La noche, así, resultó martirizante; y, como expone su general, "el sufrimiento de la división fue puesto a prueba". Noticias últimamente recibidas acusaron la presencia de lastro– p~s de Carratalá en la ya no muy lejana población de Paseo. Eli– mmada, de aquel modo, la posibilidad de todo encuentro formal próximo, Arenales despachó propios sucesivos, con la orden de qu~ (12) Sabemos que ese era el nombre del cuerpo comandado por Aldao.

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