Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

DE HUAURA A PASCO 143 migo; de tal modo que la división, a los propios ojos de su jefe, llegó a ofrecer "agradable apariencia militar". Era el mediodía cuando procedióse definitivamente por el llano. Allí, al paso, recibjó Arenales correspondencia de sus amigos y oyen– tes del interior, anunciando la precipitada partida de los realistas, en retirada hacia Lima, por la quebrada meridional, vecina y para– lela, de Canta, sin dejar en la región más fuerza que la de Carratalá. Este, sin saberlo todavía los patriotas, pues las comunicaciones re– cibidas acusaban su acantonamiento y presencia actuales en el pue– blo de Paseo, había, con posterioridad, dirigídose hacia la ruta por donde Arenales procedía y, en consecuencia, hallábase en aquella fecha por las cercanías, encargado de observar la progresión y las operaciones de su adversario, con un efectivo no despreciable de bue– nos veteranos, a saber: dos escuadrones de húsares, cada cual cons– tante de unos ciento ochenta individuos; una compañía de cazadores de ciento veinte; y otra de infantes montados, con esa misma cifra, lo que daba un total preciso de seiscientas plazas. Reconociendo, a su vez, la gran mesa superandina, marcando y despejando la nívea senda de vanguardia, como práctico ya en aquel terreno, precedía un poco lejos del coronel Félix Aldao, con orden perentoria de no comprometer acción alguna, sino al contrario, caso de tropezar con enemigos, inmediatamente replegarse. IX Era la una de la tarde de aquel día 9, cuando se oyó un traqueteo de fusilería, surgente de la cuenca próxima de una de las quebradas que, rajando la meseta en distintas direcciones, por efecto de las llocllas ( correntadas transitorias con que la carcome el deshielo) constituyen su exclusivo, aunque frecuente y fastidioso obstáculo, causante de declivios, subidas, bajadas, desvíos y rodeos (11). Precipitóse el paso, en previsión y busca de algún posible encuen– tro; hízose alto a la extremidad saliente de la hoya, evitando el dejar– se ver por los realistas, esperarlos, dejarlos ascender para batirlos, y, en todo caso, aguardar y tener allí noticias a fin de adoptar las disposiciones convenientess. (11) ".inmediatamente de bajar la cuesta, que es bien dominante y des– pejada, el camino se extiende a lo largo de vastas llanuras, interceptadas por multitud de arroyos, que en toda·s direcciones manan de la montaña, y modi– fican los declives del modo más caprichoso, multiplicando las lagunas y cié– nagas pantanosas por todas partes''.- Arenales, Memorias, ed. cit., pág. 72.

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