Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
132 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ actitud logró ganarse a los oficiales y tripulantes de la nave, quienes decidieron al cabo y a gritos acogerle; favorecido, sobre todo, por la coincidencia de encontrarse enrolados en la marinería muchos de los individuos que acababan de tener participación en los cruceros de Cochrane y en las expediciones marítimas de 1818 a 1820 (12). XI Por fin, con grandes fatigas y penurias; trabajando hasta de no– che, "metido en el agua hasta las rodillas" ( 13); recargada la morosa y pacientísima labor ( 14) por el número de emigrados, que "que– rían ansiosamente ser los primeros en constituirse a bordo" (15); (12) "El modo cómo se obtuvieron estos transportes prueba cuánto pue– de, algunas veces, cambiar el curso de las cosas por un trivial incidente. Antes de llegar el teniente coronel Miller, el gobernador d e Arica había, con muy buenas intenciones, enviado dos o tres soldados a bordo de una preciosa goleta de los EE. UU. (de trescientas toneladas), para asegurarse de ella. Disgus– tado el capitán con el embargo, estaba ya para largar el cable y dar la vela, resuelto a devolver los soldados a tierra, cuando y donde lo creyera más con– veniente. Informado Miller de esta circunstancia al entrar en Arica, fuese inmediatamente a bordo sin ninguna escolta, y propuso, para que la goleta se detuviese, las condiciones más ventajosas; condiciones que fueron recha– zadas obstinadamente. Tal negativa inutilizaba el servicio de los otros tres buques, porque las tropas no habrían de ningún modo cabido en ellos. Durante la animada disputa que en consecuencia se originó, Miller, al pasar por el alcázar, reconoció en la tripulación a algunos que con él habían anteriormente servido en la escuadra, y que con gran interés escuchaban y veían lo que pasaba. Debe advertirse que la gente de mar navegante en el Pacífico, fuese <le Inglaterra o de la América del Norte, y sirviese así en buque de guerra como en naves mercantes, había siempre manifestado gran interés por los triunfos de Miller; interés que, inspirado por su buen comportamiento, produ– jo efectos de la mayor importancia en esta ocasión. En efecto, Miller.. que no ignoraba su ascendiente sobre los circunstantes, volvióse a ellos y les dirigió un corto discurso, que bastó para que todos, contestando y defiriendo a sus insi– nuaciones, declarasen su resolución de no abandonar a un compatriota suyo, que en esos instantes veíase expuesto a peligros inminentes. Desoídas las re– f~exiones inútiles que en contrario hízoles el capitán, lleno éste de indigna– ción, dejó el mando y bajó a tierra. Iba el piloto a seguirlo; pero, persuadido de hacer todo lo opuesto, tomó el mando del buque".- Memorias, de Miller, 303 y 304. (13) Memorias, id. id., pág. 305. (14) "Sólo tres o cuatro hombres a la vez podían, sobre cada balsa, tras– ladars~ a las lanchas, que no podían aproximarse a la costa seITTiramente, • • • b smo a vemte o tremta brazas".- Id. loe . cit. (15) Id. id. id.
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