Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

SUSPENSION Y REAPERTURA DE LAS HOSTILIDADES 131 Delante de las fuerzas, desde el 18, habían emigrado multitud de familias patriotas, huyendo de las represalias que contra ellas ejer– citarían, segura y necesariamente, los realistas; tales fueron las fa– milias de apellido Laso, Landa, Portillo, Zapata (9) y otras, que, en número de cien personas mínimum, optaron por abandonar cuna y domicilio, quietud y comodidades, "antes que someterse nuevamen– te al yugo español" (1 O). X En Arica encontróse Miller en el terrible conflicto de no hallar en el fondeadero a ninguno de los buquecitos llamados por él a la salida de Tacna, y que debieron venir desde Ilo. Súpose después que, detenidas por una calma dilatadísima primero, y combatidas por fuertes ventarrones contrarios después, aparte de la corriente que, afluyendo del polo, oponíase a su derrotero, esas embarcaciones "no habían podido ganar el barlovento", y, viceversa, habíanse "de– jado ir a sotavento". Ello es que "no se las volvió a ver más en los puntos intermedios" (11). Felizmente, en la bahía hallábanse fondeados cuatro buqueci– tos mercantes, que Miller decidió tomar, a cualquiera costa, para el embarco y transporte de su gente; mucho más sabiendo como supo, que a las 5 h. p.m. de ese mismo día 21, los españoles encontrábanse nada más que a cinco leguas de distancia del puerto de reembarco, y que no pasarían muchas horas sin que aquellos presentáranse con el propósito de impedir éste. No obstante la conducta hostil del capitán de la mayor de las goletas expresadas, quien negóse obstinadamente a practicar la ope– ración, llegando a abandonar el buque y marcharse a tierra, para no prestar facilidad alguna a los patriotas, Miller, con su palabra y su (9) "El venerable don Agustín Zapata natural de Moquegua", dice Miller, hablando de su jefe. · (10) Miller, loe. cit.- "Algunos más quisieron seguir la suerte de los patriotas; pero careciendo de medios para hacerlo, o por tener hijos pequeños, o por otras causas, tuvieron que permanecer, muy a su pesar, y doblegarse al imperio de las circunstancias. Entre ellos estaban don Enrique Solar y don N. Boteler (Butler), que ambos se habían comprometido, admitiendo destinos al servicio de los patriotas. Aunque Miller les aconsejó, sincera y re– petidamente, que procuraran reconciliarse con los realistas, hablando contra los patriota§, no pudieron contenerse ... - Los habitantes de Tacna continua– ron sus bondadosos oficios hasta el último momento; y no hubo soldado que no diera, a lo menos veinte veces la mano a sus conocidos, conforme iban des– filando de la ciudad por el camino de Arica".- Miller, loe. cit. (11) Id.,id., pág. 301.

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