Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

SUSPENSION Y REAPERTURA DE LAS HOSTILIDADES 133 dada la imprescindible urgencia de cargar "lona, agua y provisiones" suficientes (16) para un viaje necesariamente dilatado y parsimonio– so; con la noble ayuda del vecindario ( 17); y, muy especialmente, con la de cierto inglés avecindado en Arica, tocayo o pariente lejano de lord Cochrane G18); realizó Miller su éxodo con toda dicha y opor– tunidad, como que "la última lanchada partió pocos minutos antes de que los realistas entraran en la población y formaran en la costa" acabada de abandonar ( 19). Se permaneció toda la noche frente al puerto, del cual se dio la vela, con rumbo setentrional, sólo a las dos de la tarde del día si– guiente 22. Los realistas se apoderaron de todo lo que los patriotas habían tenido que dejar en tierra a causa de la falta de espacio en los trans– portes, inclusive cuatrocientas mulas y caballos; pero no armas ni municiones, que felizmente llegaron a embarcarse todas. XII La guerra, entre tanto, humanizábase, aminorando sus rigores; y acreditáronlo frecuentemente rasgos notables de generosidad y de hidalguía de una y otra parte. Por ejemplo, al retirarse Miller, hubo de dejar en Tacna a al– gunos de sus enfermos, cuya traslación se hacía peligrosa por su estado de excesiva gravedad. Y cuenta aquel capitán que, ya a bordo en Arica, envió un parlamentario a tierra, con recomendación escrita, al jefe español, de dar un trato humano a aquellos infelices, que no podían, por su triste situación, seguir a sus compañeros en su viaje al norte. La Hera contestó asegurando "que los heridos patriotas serían asistidos de preferencia" (20). Bien es verdad que esta plau– sible conducta era retribución caballerosa de la constantemente ob- ( 16) Carne, sobre todo. ''Cincuenta novillos.. se mataron, desollaron y par- tieron en pedazos en la costa". - Id. id. · (17) ''La buena conducta de los oficiales y de la tropa del ejército pa– triota produjo (en la opinión de los ariqueños) un cambio completo; pues, no obstante las desventajosas circunstancias en que volvían a Arica, los habi– tantes salieron a recibirlos con muestras de estimación; los ayudaron eficaz– mente en su embarque; les enviaron mil panes; proporcionaron carne fresca para los enfermos y algunos de los que eran más adictos a la causa del rey enviaron café, chocolate y refrescos".- Miller, I, 304 y 3.05. (18) ''Mr. William Cochrane, comerciante de gran crédito". Id ., pág . 305. (19) Id. id. id. (20) Loe. cit.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx