Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

SUSPENSION Y REAPERTURA DE LAS HOSTILIDADES 129 crítica al ejército realista, que, a las órdenes del virrey (La Serna), acampaba a la sazón en Huancayo y Jauja" (4). Coincidían estas quimeras con las de Cochrane, quien no cesaba de pedir a Chile un refuerzo de mil hombres, o, a lo menos, de qui– nientos, y una ayuda de mil fusiles, para con ellos alzar otros mil soldados en las provincias de Moquegua, Tacna y Tarapacá; poner a los españoies a dos fuegos; derrotar, sin duda ni remisién, a todas sus fuerzas meridionales; y conquistar para la libertad todo el sur del Bajo Perú (5). VIII Pero el hombre dispone, y la dura y prosaica realidad se impone. El paludismo de los valles cisandinos, durante el mes de descan– so tomado en ellos, invadió de nuevo a los expedicionarios de Miller, y casi no quedaron disponibles más que los reclutas de línea y los guerrilleros autóctonos (6). Aun suponiendo en pie a sus nueve centenas organizadas y arma– das, y expeditas para la lucha las más recientes, mal habría podi– do batirse, sin grave peligro de pérdida, contra los mil y pico de ve– teranos (7), que, aprovechando el tiempo del armisticio (14 de junio a 15 de julio de 1821), había La Hera logrado reunir en Santiago de Machaca; aparte de lo cual anuncióse que el propio general Ramí- (4) "Esta suposición -reflexiona el general- no es ni gratuita ni extra– vagante; y se tendrá que convenir en ella, si se tiene presente que Miller go– zaba de la entera confianza de los habitantes de los puertos intermedios, que unánimemente le ofrecían sus servicios, e hicieron voluntarios sacrificios en su ayuda; y que la soldadesca tenía la idea de que, mandados por él, no serían jamás batidos".- Memorias, !, 300. (5) Notas de Cochrane .- La última de ellas, datada en Lima el 2 de agosto de 1821, dice así:- "Sr. coronel José Ignacio Zenteno.- Acaba de lle– gar el coronel Miller de Arica, con la división que estaba a sus órdenes, prin– cipalmente por no haber tenido armas para poder armar a los buenos patrio– tas de esas provincias; y yo anticipo, con pesar, que de este resultado se pro– longará la guerra en el sur; pues, viéndose abandonada esa gente, desfallecerá su patriotismo; y en adelante, en lugar de encontrar la bella disposición de esas provincias a nuestro favor, hallaremos a sus habitantes inertes y apáti– cos; y entonces se necesitará de una fuerza muy preponderante, para efectuar aquello mismo que, con el auxilio de armas, se hubiera logrado con tanta fa– cilidad". (6) "En aquel momento, Miller sólo podía disponer de cuatrocientos hombres, pues otro número igual estaba fuera de servicio por las tercianas''.– Memorias, loe. et vol. cit. (7) Miller afirma que eran dos mil; cifra que, por los hechos y los docu– mentos, resulta exagerada.

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