Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
128 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ celebración del armisticio y de la necesidad de poner temporal tér– mino a las operaciones militares; después de lo cual partió el viceal– mirante a Chorrillos y Ancón, bajo pretexto de ir a conferenciar con el general San Martín (2 de julio) y arribó al Callao el 8 (3). Miller, en esos momentos, ocupaba, en la costa peruana de "In– termedios", una extensión no menor de cien leguas, de norte a sur, por más de treinta de este a oeste. Su división era un pulpo, cuyos tentáculos alcanzaban, por el sep– tentrión, hasta un punto distante sólo catorce leguas de Arequipa (con el destacamento de La Tapia); por el mediodía hasta catorce millas de !quique; y por el oriente, a toda la zona libre de españo– les, larga de doce leguas, es decir, hasta los acantonamientos de La Hera, en Santiago de Machaca. Con las armas tomadas al enemigo en las acciones de Arica, Mi– rave, El Portillo y La Calera, había armado unos novecientos hom– bres, vestidos más o menos decorosamente; y hasta organizado algu– nas montoneras o guerrillas que sirvieran de auxiliares a su pequeño ejército. Durante la tregua, en fin, no ha perdido día. Al romperse las hostilidades el 15 de julio, ha logrado ya ponerse en comunicación e inteligencia con el patriota e infatigable guerrillero altoperuano, Lanza, quien ha prometido cooperar con él en todo lo posible. Róseas ilusiones cruzan por la luminosa fantasía de este gran inglés, que, por lo comunicativo de su índole, lo simpático de sus ac– titudes y lo ardiente de sus propósitos y ensueños, más parece una naturaleza latina y meridional. Cuenta, por su irreprochable conduc ta y lo impecable de sus tropas, no sólo con la entusiasta adhesión de los independientes, sino con la simpatía y aun la cordialidad de los mismos españoles, que no vacilan en suministrarle de buena vo– luntad cuantos medios ha menester para sostenerse y desenvolver sus planes. Por supuesto que, en tales y tan favorables condiciones, éstos abarcan latitud inmensa. El mismo nos cuenta en sus Memorias, que pensó (ya lo dijimos) en "tomar posesión 1 de Arequipa, cuyos habitantes -afirma- estaban decididamente dispuestos en su fa– vor"; allí, "en esa rica y populosa ciudad, aumentar y organizar sus fuerzas", para, "dirigirse al Cusco"; y, así "poner en situación bien Hera de justificación o pretexto para avanzar y apoderarse de Moquegua, co– mo s~ verá adelante. Consistió la presa en la apropiación de un cargamento de tngo, perteneciente a comerciantes peninsulares. (3) Camba, I, 407.
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