Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
SUSPENSION Y REAPERTURA DE LAS HOSTILIDADES 127 VII A fines de junio, Cochrane, que acababa de estar en Mollendo e Ilo, en persecución de las presas acostumbradas (2), entró en Ari– ca transitoriamente, con el exclusivo objeto de instruir a Miller de la char inmediatamente a La Tapia, lo cual hizo, asegurándole que se corforma– ría gustoso al armisticio, y que al día siguiente enviaría un oficial para arre– glar sus términos.- Hacía seis horas que La Tapia había salido de Arequipa, cuando Ramírez descubrió cuán ingeniosamente había sido burlado, por la lle– gada de un oficio verdadero de Miller sobre prisioneros; oficio en que no se hacía mención ni del armisticio ni de la misión de La Tapia".- Memorias de Miller, t. I, págs. 296 a 298. La Tapia, sigue contando el general inglés, era un "oficial notable por la prontitud de su ingenio, su gran facilidad de palabra, y la gracia y sutileza con que expresaba su inveterado aborrecimiento a los españoles. Siendo sub– teniente, se distinguió de modo sobresaliente en el asalto de Valdivia. Un día después de la captura de los fuertes occidentales quedó, con una pequeña es– colta, encargado de custodiar a los prisioneros en el castillo del Corral, mien– tras el resto de los patriotas reembarcábase para atacar los fuertes de la otra parte del puerto. No bien La Tapia se vió solo. resolvió fusilar a todos los prisioneros; y encontrábase ya a punto de empezar la ejecución, cuando, por felicidad, presentóse en tierra el secretario de lord Cochrane, con el objeto de examinar el castillo. Viendo éste los preparativos que se hacían para la ma– tanza de aquellos infelices, dirigióse a La Tapia, quien felicitólo por haber arribado a tiempo de presenciar la muerte de esos godos, que, según dijo, habían intentado sublevarse contra la guardia. El secretario obtuvo que La Tapia suspendiese la ejecución hasta bien considerar el punto; y, mientras tanto, envió aviso al almirante que encontrábase a bordo de la fragata, an– clada a tiro de cañón del castillo. La Tapia, en consecuencia, fue arrestado antes de poner en práctica su propósito. Para disculparse del crimen que iba a cometer, manifestó que su padre, dos hermanos y varios parientes suyos in– mediatos, habían sido asesinados por los realistas; que por eso había jurado no darles cuartel jamás; que el almirante, si gustase, podía mandar ahorcarlo o fusilarlo; y que nunca perdería la oportunidad de vengar el cruel asesinato de su familia. Quitóse en seguida los zapatos y las medias; y, mostrando unas profundas cicatrices, dijo: Estas fueron hechas por los pesados hierros de los grillos con que, durante dieciseis meses, me tuvieron en un calabozo inmun– do, antes de cumplir los dieciseis años. ¿Está en la naturaleza humana olvidar y perdonar tales injurias? La vista de un español, añadió, me exalta: los soni– dos ásperos y guturales de su voz me recuerdan los ultrajes que tuve que su– frir en mi prisión. Conozco que hago mal a los ojos de la Z.ey; pero obedezco a la naturaleza.- En vista de tan enternecedora exculpación y de su bizarrí– sima conducta en el asalto, fue puesto en libertad, después de algunas sema– nas de arresto y de una severa reprensión. Después se distinguió particular– mente en las acciones de Mirave y de Moquegua".- Op. cit., vol. id., págs. 298 y 299. (2) Una de ellas, practicada en Mollendo, cuando ya el armisticio le había sido notificado oficiaIJbente (según aseguraron los españoles), sirvió a La
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx