Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

126 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ VI Esta última expedición detúvose, cerca ya de !quique, a conse– cuencia de la tregua de Punchauca, no sin extender, con su presen– cia, como Miller lo había pretendido, el influjo de la causa y las armas independientes en todos los puntos de su tránsito. Entre tanto, La Tapia, en uno de sus peculiares y conocidos arranques de audacia y socarronería, habíase, a guisa de parlamentario, introdu– cido en la propia ciudad de Arequipa, hasta el extremo de entrevis– tarse y banquetear amistosamente con el general Ramírez ( 1), que luego rió y chacoteó gozoso con el inocente engaño. (1) La Tapia, "con un trompeta, unos cuantos soldados y una partida de montoneros", había recibido "orden de aproximarse a Arequipa cuanto pu– diese. Cansado de lo triste y fastidioso de este servicio, resolvió hacer una visita a aquella ciudad. En consecuencia, presentóse en los puestos avanzados de los realistas, diciéndose parlamentario; y fue conducido ante el general Ramírez ... Presentando un oficio que se había forjado, dijo: General, por este documento se enterará V.E. de que me ha comisionado mi comandante, el coronel Miller para tratar con V. E. sobre un asunto importante.- Sí, con– testó el general, después de haber leído el oficio; pero, ¿qué puede Ud. tener que decirme, cuando ya está firmado el armisticio entre el virrey y el general San Martín?- La Tapia, para quien tal noticia era absolutamente nueva e inesperada, y que había imaginado pretextos de muy diferente especie, con– testó con la mayor seguridad y prontitud: Ese precisamente, es el objeto de mi misión: informar a V.E. de él, y proponerle que también cesen las hostili– dades entre las tropas del mando de V. E. y las de la división del sur del Ejército Libertador.- Es imposible, dijo sorprendido el general, que su co– mandante pueda tener noticia del armisticio: hace sólo ocho días que se con– cluyó en Punchauca, tiempo que el correo ha empleado estrictamente en tener la noticia, que acaba de llegar en este momento. ¿Cómo, pues, ha podido reci– birla antes que yo su comandante, cuando está cuarenta leguas más distante?. Sin cortarse La Tapia, con aire desembarazado, contestó que no extrañaba la sorpresa del general, porque el hecho era efectivamente imposible y que, aun– que no estaba facultado para decir por qué medios recibía el coronel Miller no– ticias y comunicaciones del general San Martín a lo largo de la costa ocupada por los realistas, debía decir que eran tales la energía y el patriotismo manifes– tados por los habitantes del país, que los agentes independientes podían desem– peñar sus comisiones secretas con una celeridad maravillosa; que, aunque el grueso de la división Miller estuviera cuarenta leguas más distante, este jefe te– nía la costumbre de presentarse en sus puestos avanzados, uno de los cuales como bien sabría, estaba casi a las puertas de Arequipa; y que era justo creer en la probabilidad de que las noticias hubiesen llegado a un tiempo a ambos puntos.- Con esta contestación, parece que Ramírez cedió, en parte, de la sorpresa que le había causado la misión, e invitó a La Tapia a comer. Durante la comida, recibió mil muestras de atención del general y de su Estado Mayor. Entre tanto, la noticia de la llegada de un oficial independiente, produjo gene– ral se~s~dón entre lo~ .~atriotas habitantes de Arequipa; y el interés por el conoc1m1ento de su m1s10n llegó a ser tal, que Ramírez creyó prudente despa-

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