Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

MIRAVE (22 DE MAYO DE 1821) 115 de los elementos, en su larga travesía por despoblados arenosos, montes y laderas, pasan desadvertidos para sus contrarios , casi has– ta el instante de echárseles éstos encima. VIII El crepúsculo matutino comienza a colorear la extremidad orien– tal del horizonte, y difúndese al fin, por la cuenca del Salado o Mira– ve, la naciente claridad del nuevo día, cuando Miller, en quien in– funden inquietud y prisa la idea y el temor de que preséntense en el campo las descansadas y ya cercanas tropas de Rivero, da la orden de acometer a los hispanos; orden que se cumple inmediata, mate– máticamente. Cruzan en un momento los patriotas la media milla de latitud abarcada por la ladera pedregosa en que despliéganse ambos conten– dientes, distantes tan sólo "dos tiros de fusil; y, con el ímpetu de quien va seguro de vencer, lánzanse en dos columnas sobre los rea– listas, que los aguardan, a pie firme, parapetados tras los cercos y tapiales de los fronterizos cañaverales y viñedos. La columna a la derecha, con lo casi instantáneo del ataque, frustra el intento contrario de ganar cierta eminencia que levántase a la siniestra de La Hera; y la columna de la izquierda, con su im– pulso de relámpago, se avienta en forma que deja cortada Ja retirada del enemigo. El combate es feroz, y por eso mismo rápido. Desalojados de sus parapetos y posiciones; impelidos y acorrala– dos contra el borde de un barranco, que a sus plantas abre los antros de hambriento precipicio, La Hera y su gente defiéndense en aquel paraje con el furor de la desesperación. Caen en su puesto, para no volver a levantarse, noventa y seis soldados del rey; y son hechos prisioneros ciento cincuenta más, casi todos heridos. Apenas si, entre la polvorienta y avérnica confusión del choque terminal, rodando aquél, volando allá, pasando, como exhalaciones, por sobre viñales y cercos, escapan unos sesenta infantes y ochenta caballos, que to– man, en fuga desatada, el camino de Moquegua. En esa fuga, la caballería patriota los persigue y sablea sin piedad. IX La brega heroica no ha durado sino un cuarto de hora. Cuatrocientas mulas, buen número de armas y municiones, ca– ja de guerra: todo, todo es botín del vencedor. Este, contra su deseo, no puede continuar la persecución em-

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