Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
116 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ prendida, porque, poco después, a las seis y media de la mañana, las tropas de Rivera comparecen por la orilla izquierda del río, opues– ta a la en que se ha consumado la batalla; y se disponen a cruzar la corriente, creyendo todavía poder brindar a sus conmilitones valioso y oportuno auxilio. Las tropas de Miller se concentran totalmente y se disponen de nuevo en su línea de combate. Comprende entonces Rivera que los patriotas allende el Salado, no tienen ya enemigos a quienes temer; que, estando victoriosos, se– rá difícil y sangriento, si no imposible, el reponer las cosas al punto favorable que tenían; y, prudentemente, serenamente, emprende re– tirada, por la misma ruta que ha traído; esto es, camino de los An– des, con la intención, al tocar en el paralelo de Torata, de hacer diversión hacia la costa, para ir a unirse con los residuos de La Hera, que juzga se dirigen a Arequipa ( 8). X La victoria ha sido absoluta; pero ¡ay! que no es la alegría, risueña y rósea, lo que brilla en el rostro de los héroes de Mirave, sobrecogidos, al contrario, de profunda e inexpresable tristeza. Es porque, entre las víctimas de la libertad y de la Patria, hase desplo– mado para siempre el joven cirujano particular de lord Cochrane; amigo cordial y como hermano de éste; espíritu entusiasta y abnega– do, que, en su ansia de aventuras, ofrecióse, espontánea e insisten– temente, a seguir y acompañar a Miller, para ofrendar, a sus corre– ligionarios, amigos y compañeros de expedición, tributo de sus ser– vicios profesionales, y el tesoro inapreciable de su pericia y sus ta– lentos. Allí, a cuerpo gentil, sobre el campo de la empeñosa lid, aten- (8) Camba, haciendo la crítica de estos hechos, razona así: "Se ve que el afortunado y diligente Miller logró interponerse entre La Hera y Rivero, dar un terrible golpe al primero e inutilizar al segundo; pero si La Hera acierta a tomar la resolución de replegarse, sin combatir, hacia los inmediatos Andes al primer aviso que tuvo de la proximidad del enemigo, inclinándose haeia la dirección que traía la tropa de Rivero, y señala a éste su incorpora– ción, que debía verificarse con prontitud y mayor seguridad; Miller, entonces hubiera sufrido con probabilidad una derrota, en vez de obtener un triunfo de consideración en esas circunstancias. También es de lamentar que la tropa de Rivero, toda montada en mulas, no haya hecho mayor diligencia, des– de que se adelantó de ella (su jefe) en la mañana del 21 de mayo, hasta que la volvió a encontrar en la noche del mismo día, para llegar a Mirave en la madrugada del 22, cuando ya era sensiblemente tarde".- Memorias, I, 406.
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