Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
112 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ de Hill; y eso, mucho más abajo del punto de destino, y, lo que era peor, con las municiones inutilizadas por el agua. Hízose entonces que dos partidas de coheteros, de las detenidas todavía aquende el río con el marino Hind, escalasen dos pequeñas eminencias, empla– zadas, más o menos, del lado de Miller, en la misma posición que las primitivamente elegidas, pero no abordadas. Los cohetes cruzaron el espacio, iluminándolo con sus relámpagos fugaces, yendo a caer y reventar, humeantes y ruidosos, en el sitio mismo de concentración de las tropas de La Hera o en sus proximidades. Alucinado el jefe español por este doble diluvio de proyectiles rutilantes, consagróse a ofender, de modo exclusivo, los dos blancos únicos de su procedencia, dejando en pleno radio de relativa inofen– sividad, al grueso de la hueste de Miller, que, oculta entre las male– zas ribereñas, silenciosa y sin disparar un solo tiro para no denun– ciarse a sí misma, desplegóse a la orilla izquierda, a la espera de que Landa y sus paisanos descubriesen un vado fácil para atravesar el torrente. Al fin, con la ayuda de aquél jefe, se esguazó el Salado con gran trabajo y mayor gasto de tiempo (4); se ganó la orilla derecha, que era la ocupada por los españoles; y se ocupó cierto espacioso ca– serío de gruesos muros, muy a propósito para guarecerse, para– petarse y batirse largamente. VI Sostuviéronse en la madrugada varios encuentros con las par– tidas avanzadas sobre el otro campo, una de ellas a órdenes del ca– pitán Plazai oficial "de mérito y buen humor", que siempre, con sus (4) "Mientras los realistas despedían incesante fuego sobre las partidas de coheteros, Miller llevó su infantería al otro lado del torrente, haciendo montar un infante a la grupa de cada dragón, que, al dejar aquél en t~erra, volvía a coger otro, hasta que todos pasaron por este medio. Protegiendo esta operación, colocóse al capitán Hill en el bosque inmediato a los realis– tas, con orden de permanecer oculto; de no permitir que se disparase un tiro, sino en el caso de que el enemigo lo atacase; y de sostener su puesto a toda costa. Indudablemente, habría perecido el último de esos hombres antes que retirarse: tales eran la resolución y la valentía de que Hill y sus marinos esta– ban animados. Al atravesar el río, que divide el valle en dos partes desigua– les, miró Miller a la luz de un relámpago, sin ver nada; pero un guía paisano cesariamente, que estar cerca de alguna casa. y cierto: dirigiéndose hacia la que lo acompañaba, y que había sido herido de un brazo, dijo: Tenemos, ne– señal divisada por el guía, treparon los patriotas por unos cercos; cruzaron, uno por uno, por entre unas viñas espesas y enmarañadas; y se apoderaron d e aquel lado del valle".- Miller, Memorias, I, 285 y 286.
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