Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

MIRAVE (22 DE MAYO DE 1821) 111 la tropa vigilante, voló ésta a su campamento y dio la señal de alarma. Imaginándose La llera tener a todo el adversario encima, alzóse de su sueño en la más desesperada confusión; ordenó hacer fuego en todos sentidos, ignorando, en la tenebrosidad de la noche, cuál fuese el verdadero punto de partida del asalto; hizo que Rivero, con un guía, en cabalgaduras escogidas y descansadas, disparárase hacia el paraje en que pernoctaba su columna de ciento ochenta ve– teranos, y la trajese al campo a toda prisa; y, parapetándose detrás <le los tapiales de los viñedos y chacras que le daban albergue, pro– siguió su inútil y derrochante tiroteo, "cuyo estruendo" -al silencio y majestad de la alta noche- "retumbaba por aquellas solitarias se- , ,,, r ranias ... IV Lamentando los dos referidos percances, que daban al traste con la planeada sorpresa, Miller y su núcleo, impuestos ya (por su avanzada y por los prisioneros caídos con el teniente Collao) de la exacta situación de La llera y de su gente, "aceleraron la marcha; determinaron embestir, antes de que los españoles tuviesen tiempo de reflexionar"; avanzaron hacia la ribera del Salado; y procedieron a iniciar las pocas hostilidades permitidas por la hora, la oscuridad y las circunstancias acabadas de describir. La caballería, al galope, con el bravo Soler a la cabeza, "se arro– jó al frente, seguida incontinenti por la infantería, detenida ésta, en su marcha, por el río". Los tambores "batían calacuerda"; y las cornetas vibraban con el toque vivísimo de ataque, llevando a la opuesta banda el anuncio de la decisiva brega. El campo realista vomitaba proyectiles hacia todos los puntos de la rosa náutica. La caballería venció la corriente y comenzó el asalto. Fue rechazada; pero, en vez de repasar el río, formó audaz y serena sobre la línea de prolongación del vado. V Los marineros del San Martín, divididos en dos grupos, diri– gidos respectivamente por los oficiales de marina llill y llind, ade– lantáronse, llevando sus cohetes a la Congreve, en pos de atravesar el torrente, a fin de colocarse estratégicamente en dos distantes pun– tos (que marcó la experta vista de Landa), uno a la derecha y otro a la izquierda del campo realista. Pero, arrastrados por la corriente, no pudieron pasar a la ribera contraria sino diez de los marineros

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