Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

110 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ La noche era profundamente oscura y el frío tiritante; así que hubo que hacer algunos altos, para "repartir (con la parvedad exi– gida por el caso) el líquido vivificador, en aquella ocasión apurado ansiosamente, cual si fuese el néctar más exquisito". Así púdose avanzar "con paso firme y ánimo resuelto, unidos todos y con exce– lente orden, a pesar de las terribles contrariedades opuestas por la naturaleza" (2). A las dieciocho horas de la salida de Tacna, esto es, de las doce de la noche del 21 a la una de la mañana del 22, los patriotas descendían ya, lenta y cuidadosamente, del Malpaso a la orilla iz– quierda del Salado, no separados al fin, de Mirave y de La Hera, más que por la corriente del cercano río. El jefe hispano, como ya se sabe, descansaba tranquilo a la otra banda, tendido, junto al pueblo, en el tablero de las viñas y los caña– verales posvinientes, sin sospechar siquiera la presencia de los pa– triotas, convencido de que "el camino de Sama a Mirave sería im– practicable para ellos". III Miller comenzó por desprender una avanzada de diez hombres ''bien montados" (cinco soldados de línea y cinco voluntarios tacne– ños), con la misión de ·practicar un reconocimiento, a vanguardia sobre el frente de los realistas. Y ocurrieron entonces dos inopinados incidentes, que sembrando incontinenti el pánico en el campo de La Hera, advirtiéronle de la ini– maginada aproximación de Miller. Fue el primero, que el capitán de ronda Suárez, "recorriendo los puestos avanzados, encontrárase con unos arrieros que acababan de acompañar y aun guiar a la columna independiente" (3). Y fue el segundo que la avanzada de esta última, "con indiscre– to celo", adelantárase más de lo preciso con el reconocimiento pre– ceptuado, hasta tropezar con la caballada de los españoles, constante de cuatrocientos a quinientos animales, entre caballos y mulos; ca– ballada que, bajo la guarda y custodia de cierto teniente apellidado Collao y una pequeña escolta, había esguazado el río y pasado a pas– tar en uno de los potreros de la opuesta orrilla, esto es, precisamente, aquella por la cual tenían que venir y venían los patriotas. Collao y dos de sus soldados cayeron prisioneros; pero, escapado el resto de (2) Advertimos, nuevamente, para economizar citas, que son de Miller todas las frases que, sin anotación especial, corrieren en adelante entre co– millas. (3) García Camba, Memorias, I, 404.

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