Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

LA DIVISION MILLER EN ARICA Y TACNA 99 otra, de igual cifra más o menos, bajo la inmediata dirección de Miller. Esta última dirigióse a Tacna; aquélla a Arica. Soler descendió del morro con mil trabajos; tomó el camino pa– ralelo a la línea del mar; y en la mañana siguiente ( 11 de mayo) divisó ciudad y puerto. Invadiólos inmediatamente en son de guerra. Wilkinson y su marinería fueron los primeros en penetrar, y, por desgracia, la última dedicóse al saqueo, empezándolo por la casa del gobernador. La población había sido abandonada por la guarnición milicia– na, por las autoridades, y, en fin, por el vecindario todo, una vez percibida la proximidad de la columna argentina. Comprendiendo que Gago y sus milicianos no habrían de andar muy lejos, el jefe patriota, sin pérdida de tiempo, determinó perse– guirlos; y, efectivamente, dio con ellos en el valle de Azapa. Los rea– list as entregáronse a la fuga sin combatir, apenas descubrieron que Soler y su tropa estaban a la vista; vergonzoso desenlace en que re– solvióse la soberbia con que el gobernador hispano rechazara la inti– mación de Cochrane (22). Ciento de los dispersos y fugitivos fueron tomados prisioneros, inclusos algunos oficiales; y, como la mayoría de éstos y aquéllos, peruanos de n acimiento, manifestasen su deseo de ingresar en las filas independientes, casi todos (23) fueron, al llegar a Tacna, admiti– dos al servicio. (22) Retirados los patriotas, regresó a su casa el gobernador Gago, en condición a la verdad tristísima, si hemos de estar al relato de Mr. Hall: - "La primera habitación donde estuve, dice éste, fue la del gobernador. Estaba acostado en un colchón extendido sobre el suelo. No había en torno catre ni mueble. El desventurado padecía de una fiebre violenta. Su mujer y su hija hallábanse en una pieza vecina; y, en rededor de él, varias personas, silen– ciosas y miserables, cuya situación parecía no tener consuelo. . . La goberna– dora contestó no poseer más vestido que el del cuerpo. Daba pena ver a la hija, modesta y joven, cubrirse el pecho, en lo posible, con un pañuelo des– pedazado: no llevaba mas adorno que ese''.- Hall, op. et loe. cit.- Dijimos ya, en el texto, que la casa del gobernador Gago había sido saqueada por los mar ineros del San Mar tín los que ciertamente no se andaban con chiquitas. Según Miller, ese saqueo y el de los domicilios de otros vecinos, hispanos o hispanófilos, "aumentó el adverso sentimiento político de los ariqueños, todos realistas decididos, hasta convertirse en verdadero odio".- Agrega ese gene– ral que, ''entre los que más se distinguieron por ese aborrecimiento, figuraba la joven y linda esposa del gobernador (coronel Gago), reducida a no tener ni con qué mudarse. Hasta su piano había sido llevado a bordo; y frecuente– mente se le oía decir que no moriría feliz, si antes no empapaba su pañuelo en la sangre de algún insurgente".- Memorias, I, 304. (23) Comprensos cuatro de los oficiales aprehendidos o rendidos.

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