Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
LA DIVISION MILLER EN ARICA Y TACNA 95 ciclos, exánimes, para "descansar de sus fatigas, en un estado de ca– si desesperación". . . (13). En tales condiciones y circunstancias, ¿qué hacer si se presenta el enemigo, atraídas sus avanzadas por la gritería que, dominando el estruendo de los vientos y el de las olas, inician, para entenderse y auxiliarse, los viajeros abrumados de la playa, y sus compañeros de botes y lanchas, que, al vaivén furibundo del océano, casi no dcanzan a tenerse en pie? ¡Cuán horrenda situación de los primeros si, al rayar el alba, se aproxima el enemigo, colocado en la posibilidad ventajosísima de "acabarlos con unas cuantas descargas, o rodan– do sobre ellos unas cuantas peñas". . . ( 14). VIII Por dicha, el ojo línceo del sereno y bizarro Wilkinson acierta a vislumbrar, al centelleo fugaz de las estrellas, cierta magna roca que, "alargándose hacia el mar, penetra bastante dentro de él"; e, "inmediatamente, pone en juego los recursos de su profesión y su experiencia", para aprovechar ese que cree leño salvador, enviado a su cuasi naufragio por la bondad y la compasión de la Providencia. Pensado y decidido en un instante, traza "un plan que, en tiem– pos ordinarios, se juzgaría un acto de demencia". Ese plan "con– siste en hacer bogar una lancha"; "anclarla cerca de la costa, con gran peligro de quienes marchan a su bordo"; "desprender, hacia la gran roca, un bote ballenero, con una pequeña guindalesa"; tirar uno de los extremos de esta última sobre la roca misma"; "asegurar inmediatamente"; y en fin, "llevar y traer, por este medio, el bote ballenero, de la roca a la lancha y de la lancha a la roca", reembar– cando a la gente. "Sólo dos hombres pueden estar, a la vez, en la punta del peñol, hasta que una calma (sólo ocurrente cada siete o nueve oleadas) permite al ballenero atracar a sotavento, y permane– cer allí el tiempo estrictamente necesario para que los dos hombres pendientes de la cuerda bajen precipitadamente" ... Felicidad grande considérase el hecho de haberse ahogado sólo un marinero. La cansada y hastiante operación se prolonga hasta el amanecer. Cuando el suave tono azulado del crepúsculo aclara el ho– rizonte, dibújase, sobre el fondo semüluminaao de los cielos, una lí– nea no insignificante de humanas siluetas: son las de los soldados de una avanzada realista, que, de llegar momentos antes, pudieran ha- (13) Miller, loe. cit. (14) Autor, op. et vol. cit., pág. 277.
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