Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

94 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ das con la extrema pericia de la gente que seguía a Cochrane; ora con amarras audaces sobre la saxátil raya de la bravía ribera; ora con la potente ayuda de los vigorosos marineros primitivamente des– embarcados, que halaban a pulso vivo, desde tierra firme, pugnan– do por atracar las embarcaciones sobrevinientes con cables y bo– zas- sólo entonces, decimos, fue cuando la tropa y la marinería invasora pudieron verse en seco, si bien con las armas inservibles, por hallarse empapadas las municiones y la pólvora. Ahí de las confusiones y deliberaciones amargas. ¿Se reembar– caría la expedición? Imposible. ¿Iría sobre la ciudad, y libraría, pa– ra capturarla, combate sangriento y desigual, con su numerosa, des– cansada y bien armada guarnición? ¿Hallaríase esta última despre– venida; o encontraríase ya alerta, por la sospecha fundada de estar efectuándose ese luctuoso desembarco? Saliese lo que saliera, aquel puñado de valientes, casi inerme, pero jamás descorazonado, optó por el peor de los extremos de la lóbrega disyuntiva: formó sus lí– neas en el más sepulcral silencio; y partió ... partió "sigilosamen– te", con el inaudito propósito de buscar y "sorprender a la guarni– ción" realista, embestirla, apoderarse del fuerte, y conservar éste a todo trance, hasta la llegada de los refuerzos que Cochrane le en– viaría, natural y necesariamente ... VII Así, tras la pasada odisea marítima, comienza otra terrestre, no menos ruda, cruel y agobiante que su precedente, y en que los obs– táculos y desengaños brotan a cada paso, como si, contra esos bra– vos, se hubiese erizado, airada y enemiga, la naturaleza. Primero, se descubre que la ruta de la playa tiene apenas "unas cuantas varas de ancho". Dase, en seguida, con que, para remate de males, tal es– trechez está, a muy corto espacio, "cortada por un peñasco casi per– pendicular" ... se ensaya el escalamiento, con mil esfuerzos, peligros y sudores: ¿para qué?. Para ver que la peñolería posyacente, verdade– ra erupción de picachos erectos y agudos, es valla larga, insalvable, imposible para toda tenacidad y todo denuedo ... Por fin de fines, tras un empecinamiento heroico, en que algu– nos lánzanse todavía a inquirir si más allá pueden existir depresión y salida conducentes a ruta menos escabrosa y más amiga -"después de rodar aquí y allá por espacio de dos horas, trepando y cayendo sin poder descubrir paraje alguno practicable para esta triste carava– n a de valientes"- vense éstos en la precisión "de volver al punto mis– mo de donde habían partido; punto en el cual se sientan", descae-

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