Hacer de la lectura una experiencia: reflexiones sobre mediación y formación de lectores
83 da a construir habilidades o estrategias de lectura que luego sean reutilizables en otras experiencias de lectura. En otras palabras: visto desde una perspectiva de media- ción, en la que el objetivo es ayudar a otros a formu- lar una interpretación personal del poema leído, guías como esta no estarían cumpliendo ningún objetivo re- levante en la formación de lectores más allá de constatar aquello que el alumno ha comprendido por sí solo. Es decir, no se sitúan en aquella zona de desarrollo proxi- mal donde debiéramos generar dispositivos didácticos que enseñen a comprender y que acompañen al lector en ese difícil camino. Y si durante años nos limitamos únicamente a constatar dónde están los niños y jóvenes a nivel de la interpretación que pueden hacer por sí so- los, ¿en qué momentos les ayudaremos a progresar en sus capacidades de interpretar las obras? Otro ejemplo: en mi país hay una conocida prueba estandarizada de lectura (del tipo PISA) que mide los niveles de comprensión lectora de la población escolar, bajo cuyos resultados se mide también a los estableci- mientos escolares. Esto genera tales niveles de tensión en las escuelas que, en muchas de ellas, se dedican horas de la planificación semanal (a veces durante todo un se- mestre o todo un año académico) a preparar la prueba. En muchos casos, la preparación consiste en «ensayos SIMCE» (así se llama la prueba) que adoptan el mismo
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