Hacer de la lectura una experiencia: reflexiones sobre mediación y formación de lectores

80 guras retóricas en un poema…) presentes en un texto. La respuesta personal a las obras, en cambio, quedaba en un plano muy secundario, cuando no inexistente, generando así una situación insostenible para una en- señanza en la que un componente central debiera ser la reacción emocional, íntima y subjetiva del lector frente a las obras que lee. Vamos ahora a la necesidad de superación de una formación lectora y literaria basada única y exclusiva- mente en la consecución del placer . Por una parte, el es- logan «el placer de la lectura» nos trajo la buena noticia de que el goce personal de cada lector o lectora debiera ser el eje central de nuestros esfuerzos; pero por otra, nos dejó en un terreno lleno de incertidumbres cuando no conseguimos ese placer lector en nuestros alumnos. Al respecto, creo que es interesante hacer una breve reflexión sobre el concepto mismo del «placer lector», pues muy a menudo se ha pensado como algo natural en el ser humano, algo que sucederá sin importar las condiciones (presentes y pasadas, materiales y simbóli- cas) que definen el encuentro de un sujeto con un texto. En este punto, me parece importante recuperar lo que ya he señalado en el texto de Catalina: el consabido pla- cer, que se quería natural, es en realidad un fenómeno culturalmente construido. Por lo tanto, la sola consigna «¡disfruten la lectura!» tiende a excluir a quienes no han

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