Hacer de la lectura una experiencia: reflexiones sobre mediación y formación de lectores

76 hacen de ellos no es fruto exclusivo de los modelos por competencias, pues remite a una serie de movimientos de renovación pedagógica que, ya desde las primeras décadas del siglo XX, clamaron por situar la actividad del estudiante en el centro de la enseñanza. Pero no hay duda que los modelos competenciales han reforzado esta visión, conectándola con los nuevos desafíos de las sociedades contemporáneas. La mediación de lectura dialoga, sin duda, con estos movimientos, pues su centro gravitacional lo constitu- yen el andamiaje y las ayudas que un mediador puede ofrecer para que otros participen cada vez con mayor propiedad en las prácticas letradas propias de la sociedad en la que se insertan. Veámoslo con un ejemplo: el dia- rio de lectura de Joaquín, un niño de nueve años de una escuela rural del sur de Chile, que hasta ese momento nunca había tenido la oportunidad de escribir sobre las sensaciones que le producían las lecturas que realizaba. Nunca, tampoco, había visto a su entorno cercano es- cribir un diario ni, muy probablemente, manifestar sus emociones sobre un libro leído. En ese contexto, la pri- mera entrada de Joaquín en su diario, sobre Natacha de Luis María Pescetti, fue «lo encontré divertido porque Natacha es chillona». Ese es el tipo de respuesta lectora personal y por escrito que, en ese momento, era capaz de hacer por sí solo, sin ningún tipo de conocimiento

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