Hacer de la lectura una experiencia: reflexiones sobre mediación y formación de lectores

74 de vida, sin embargo, si tiene un momento estelar es cuando se une con el lenguaje. El diálogo entre uno y otro alimentará diversas formas del simbolismo» (párr. 3). En efecto, esa posibilidad que nos ofrece la palabra, y en particular la palabra poética en tanto forma de sim- bolización de nuestra experiencia en el mundo, hace del juego algo muy serio. Esto nos lleva a pensar que cuando nos predisponemos a leer un cuento, recitar un poema o contar un relato de tradición oral a un niño que surca sus primeros años de vida, estamos hablando de un gesto que deviene central en la relación que ese niño está construyendo consigo mismo, con los otros y con el mundo. Hablamos, por tanto, de un gesto que necesita un proceso de toma de conciencia por parte de muchos adultos que, por ejemplo, dicen no tener tiempo para contar historias a sus hijos o jugar con ellos a unir unas palabras con otras por el mero placer de escuchar la mú- sica que surge de una rima. La importancia capital de ese gesto poético en la primera infancia requiere una vuelta de tuerca: dejar de esperar a tener ese tiempo, y poner nuestras energías en la necesidad de construirlo. Ese giro constituye, tal vez, la primera y principal ca- racterística de la mediación lectora en los primeros años de vida.

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