Hacer de la lectura una experiencia: reflexiones sobre mediación y formación de lectores
71 cuela o del hogar. Y los padres, atónitos ante ese descu- brimiento, no acaban de entender lo sucedido. Sin embargo, basta con preguntarles por las prácti- cas cotidianas de lectura realizadas en el ámbito familiar para que despunten las bases de comprensión de la si- tuación descrita. Una y otra vez, la respuesta a esa pre- gunta comparte las mismas características: son niños cu- yos padres y cuidadores han construido todo un ecosis- tema de vinculación con la cultura escrita. Desde muy pequeños pusieron libros a su disposición para «leerlos» (por no decir morderlos, babearlos, rasgarlos…) en las situaciones cotidianas más disímiles (la comida, el baño…). Han mantenido de manera ininterrumpida, durante los primeros años de vida del niño, prácticas de lectura compartida de cuentos con sus hijos. A menu- do, acompañan esas prácticas con la creación de relatos orales contados a la hora de ir a dormir y que, a la ma- nera de Scherezade en Las mil y una noches , son historias interminables y concatenadas, que avanzan cada día un poco, conformando así una primera experiencia de in- mersión ficcional del niño en obras extensas. También las acompañan con espacios para «jugar a leer» y «jugar a escribir», en los cuales es el propio niño el que adopta la posición de productor de la cultura, «leyendo» cuentos para sus padres o «escribiendo» las historias que quiere contarles. Igualmente, son familias que participan de
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