Hacer de la lectura una experiencia: reflexiones sobre mediación y formación de lectores

65 que se restringe únicamente a las obras literarias (aun cuando la literatura constituya un corpus privilegiado para la consecución de sus objetivos), sino más bien a quien busca propiciar una postura de lectura que conju- ga participación y distanciamiento en la relación esta- blecida con los textos. Por su parte, el adjetivo «escolar» remite a un ámbito muy concreto de actuación, que a su vez establece un vínculo directo con las propuestas de mediación educativa basadas en la teoría vygotskia- na de la «zona de desarrollo próximo». Tal como seña- lé en el texto de Catalina: situarse en esta perspectiva supone ayudar al niño a progresar desde aquello que puede hacer por sí solo hasta aquello que puede realizar con la ayuda de un agente externo que, en determina- do momento, actúa como facilitador en su proceso de aprendizaje. Ese progreso es una característica que dife- rencia al mediador escolar de otros mediadores cuya labor no necesariamente lo exige. En ese marco, el mediador cumple un importante rol para acompañar al niño en el desafío que supone este progreso, pues muchas veces avanzar hacia allá le supondrá salir de su zona de confort ( lo que ya sé o lo que ya sé que puedo hacer ); ahí el media- dor debe trabajar para que no se genere una sensación de desmotivación o bloqueo, reforzando el sentimiento de capacidad en el alumno para superar posibles frustracio- nes vinculadas a lo desconocido.

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