Hacer de la lectura una experiencia: reflexiones sobre mediación y formación de lectores
62 comunicativas y sociales similares, así como también re- flexionando sobre las características de esos textos que lee. Esto es precisamente lo que propició la maestra de María: una secuencia de escritura donde la producción de textos no quedaba al albur de la posible creatividad de cada estudiante frente a la página en blanco (cosa tan difícil cuando alguien nos dice, por ejemplo, escribe un cuento sobre la amistad, o sobre la naturaleza), sino que deviene un proceso en el cual la mediadora ofrece una serie de ayudas que permiten al estudiante explorar nuevas formas de manipulación del lenguaje y, por tan- to, progresar en sus capacidades para hacer un determi- nado uso (literario, en este caso) de la lengua. En ese marco, es imposible entender el texto de Ma- ría sin pensar en los procesos de lectura que la llevaron hasta allí. No solo de Monterroso, que fue el punto de partida de la secuencia, sino también de otros microrre- latos que —me consta— la docente utilizó para que los niños fuesen reflexionando sobre las convenciones del género. Podríamos decir, entonces, que en este caso la lectura derivó en una mejora en los procesos de escritu- ra. O al revés: que la escritura se alimentó de la lectura. Esto, por cierto, es algo que las autobiografías de gran- des autores y autoras no se cansan de repetir: «el camino por el cual se llega a la escritura es el de la lectura».
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