Hacer de la lectura una experiencia: reflexiones sobre mediación y formación de lectores
57 vivido personalmente. Ejemplos hay muchos: aquí, un mediador que no está dispuesto a incluir en sus horas del cuento libros infantiles con personajes homosexuales (por mucho que algunos de ellos sean excelentes des- de una perspectiva estético-literaria); allí, una docente de secundaria que no quiere ceder a la solicitud de sus compañeros acerca de incluir obras de literatura juvenil en la biblioteca de aula, porque dice que es preferible tener ese acervo reservado para obras canónicas y litera- riamente incuestionables; más allá, una escuela que ha tenido problemas con algunos padres y madres porque en las clases se han leído álbumes sobre temas complejos (la depresión o la discriminación, pongamos por caso) que no acaban con el esperable final feliz ni con una re- solución definitiva del conflicto. Y así un largo etcétera de situaciones de conflicto vinculadas de un modo u otro con las creencias que cada quien tiene acerca de lo que deben leer los niños y de los criterios con los cuales deben elegirse esas obras. La discusión teórica sobre este punto ha derivado en una serie de propuestas de selección, desde unas muy centradas en los textos (la calidad literaria, los géneros, etc.) hasta otras enfocadas en los lectores (su bagaje cul- tural, sus intereses…), incluyendo también algunas que buscan un equilibrio entre ambos extremos, y que han incorporado otros criterios como el gusto del profesor
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