Hacer de la lectura una experiencia: reflexiones sobre mediación y formación de lectores

50 sanía que ha desarrollado el autor con su obra, atendien- do a las soluciones arquitectónicas que ha buscado para transmitir una idea. ¿A qué me refiero con las «solucio- nes arquitectónicas» de un texto? En su hermoso libro Una historia de amor y oscuridad , el reconocido escritor israelí Amos Oz (2004) lo plantea así: Escribir una novela, dije en una ocasión, es como cons- truir con un mecano todas las cadenas montañosas de Europa. […] Para escribir una novela de ochenta mil pa- labras debo tomar algo así como un cuarto de millón de decisiones: no solo decisiones sobre el boceto de la trama, quién vivirá y quién morirá, quién amará y quién traicio- nará, quién se hará rico o se volverá loco […] no sólo[sic] cuándo contar y cuándo silenciar, qué va antes y qué va después, qué revelar al detalle y qué sólo con alusiones […] sobre todo se deben de tomar miles de decisiones sutiles, como, por ejemplo, si poner ahí, en la tercera fra- se hacia el final del párrafo, azul o azulado. O celeste. O celeste oscuro. O tal vez azul ceniza. ¿Y poner ese azul ceniza al comienzo de la frase? ¿O mejor que estalle al final de la frase? ¿O en medio? ¿O que sea una frase breve independiente, un punto delante, un punto y una nueva línea detrás? ¿O no? ¿O es mejor que ese azul se sumerja en la corriente de una frase compuesta y tortuosa, con muchos miembros y abundantes subordinaciones? O tal vez lo mejor sería escribir sencillamente cuatro palabras, «luz de la tarde», y no teñir esa luz de la tarde de ningún gris azulado ni ningún celeste polvoriento (p. 333).

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