Guerreros civilizadores

bien sabemos, durante los años de la ruptura con España, era necesario tener un enemigo despótico y abusivo, una ciudad en armas dispuesta a pelear por la dignidad y el honor de una nación sometida, una opinión pública activa y vigilante, y un pacto político que debía sellarse mediante la firma de un acta entre el pueblo en armas y el ente encargado de liderar la cruzada de liberación. Luego del discurso pronunciado por Errázuriz y ante su reclamo particular, «el pueblo de Valparaíso» acordó que era su deber «excitar al gobierno para que procediera con actividad y energía, a prestar el amparo de las armas nacionales a los industriales chilenos» expuestos a la expoliación de Bolivia. En el acta que los porteños le hicieron llegar al presidente de la república, la ciudad en armas le aconsejaba hacer valer los tratados de 1866 y 1874, tributándole un voto de aplauso por la conducta patriótica manifestada en la ruptura del tratado firmado previamente con el agresor de la nación195. Los rituales patrióticos como el celebrado en el primer puerto norteño fueron expresión del fortalecimiento de la identidad provinciana en un contexto de conflicto internacional. En el caso de San Fernando, por ejemplo, a pocos días de la declaratoria a Bolivia su población marchó en masa hacia la Plaza de Armas con la finalidad de demostrar su apoyo al presidente Pinto. En la ceremonia «un grupo de notables» entregó al intendente Manuel Soffia un acta que debía ser elevada al supremo gobierno. En el documento la provincia señalaba que «no era indiferente al grito de la patria» y era por ello que su «pueblo» se ponía de pie para ofrecer al jefe de Estado «sus hijos, sus intereses y su propia existencia, si así lo exigiera el honor de la República»196. En Loma Baja el subdelegado de la localidad comunicó por bando la declaratoria de guerra. Apenas enterada del suceso, una inmensa multitud recorrió las calles del pueblo vivando a Chile y lanzando cohetes al aire. Al día siguiente la autoridad local convocó un mitin de vecinos para dar al gobierno el voto de aprobación de la localidad, por el «noble paso» que Pinto y sus ministros acababan de dar197. Tierra Amarilla, «varonil como los demás pueblos de la República», declaro que no podía mantenerse indiferente a los sucesos que diariamente ocurrían en Chile. Anunciaba, por ello, el nombramiento de comisiones de poyo en las cuales «desde el más infeliz hasta el más poderoso» participarían con su donativo a la causa bélica198. La comprobación oficial de la existencia del «pacto secreto de alianza entre Perú y Bolivia» puso de manifiesto, por otro lado, una vieja 98

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