Guerreros civilizadores

históricamente, dotándolo así de significado y de sentido. Los ejemplos históricos —reconocidos no solo por los concurrentes al mitin patriótico, sino por la república en pleno— eran la guerra de la independencia, la de la confederación y la guerra con España (Mc Evoy, 2010). Otro de sus propósitos fue instalar la tensión, que se mantendrá a lo largo del conflicto bélico, entre «las ciudades en armas» (como Valparaíso) y el gobierno central. Fue Valparaíso «la primera ciudad de la república» —recordaba su representante—, la que en reiteradas ocasiones advirtió a La Moneda sobre «la política de contemporizaciones» que tanto daño causó al país. De esa manera, la ciudad porteña fue exonerada de cualquier responsabilidad política respecto de la conflagración que recién se iniciaba. Isidoro Errázuriz Asumiendo la representación de «las mil voces del pueblo», Errázuriz definió dos escenarios posibles para el gobierno de Pinto: uno de ellos era resignarse a soportar la afrenta y el abuso boliviano, y el otro era «tender sobre el territorio que fue un día chileno un arco iris de paz, justicia y civilización». Si el gobierno elegía la segunda opción, no cabía la menor duda de que recibiría un «apoyo ilimitado» en dinero, soldados, entusiasmo, vigor y en todo el tesoro del pueblo chileno. Sin embargo, esa ayuda no era un cheque en blanco. Ella vendría acompañada de una opinión pública decidida a ejercer una «severa vigilancia, a formar una sola masa para aplastar las maniobras y las influencias mezquinas, a ser un solo corazón para resistir las pruebas y al sacrificio, a ser un solo brazo para levantar la espada y escarmentar a sus enemigos». Resulta fascinante imaginar cómo de cara al mar y ante una audiencia multitudinaria Errázuriz estableció los fundamentos políticos e ideológicos de la guerra cívica. Para embarcarse en una empresa bélica que fue modelada, como 97

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx