Guerreros civilizadores

Régimen como, generalmente se pensaba, eran la peruana y la boliviana sino la necesidad de recuperar los ideales de la Independencia189. En un mitin multitudinario realizado a pocos días del inicio de las hostilidades, el senador Adolfo Ibáñez afirmó que en la república se estaba dando inicio a una guerra «más grande» que la de la independencia, manifestando su confianza en el valor chileno que, en sus palabras, era muy similar al que «en 1818 libertó a Chile del león de Iberia» (Williams, 1949, p. 142). Como en aquella oportunidad, los argumentos de los escritos periodísticos publicados a lo largo y ancho del país se sostuvieron en la vieja tradición de los derechos naturales conculcados por el camino del despojo. Cabe recordar que el lenguaje de los agravios, que surge en Latinoamérica en la etapa de la ruptura con España, se convirtió en un gran relato con el cual se intentó conseguir un principio de identidad ciudadana. La condición de ofendidos, humillados y vilipendiados, el «victimismo», estuvo por encima de las múltiples heterogeneidades sociales, de las diferencias culturales, de la fragmentación política, de la multiplicidad de sangres, contribuyendo a crear una urdimbre identitaria para las abstractas ciudadanías fundadas en el republicanismo mestizo. El relato de los atropellos, las vejaciones y los sufrimientos se imbricó a la otra narración identitaria de la chilenidad y de esa manera resolvió la pregunta por el quiénes somos de una manera problemática pero convocante: ¡somos las víctimas!190 «Somos nosotros los provocados, nosotros los engañados, nosotros los despojados», clamó Máximo Lira ante «el pueblo viril» de Valparaíso, que lo escuchaba atentamente la tarde del 13 de febrero de 1879. Además de reforzar la idea de «la gran usurpación», un concepto utilizado por los criollos americanos para pelear la guerra de independencia contra la metrópoli imperial, Lira brindó luces sobre la naturaleza poco republicana del opresor. Los «caribes bolivianos» tenían gobernantes corruptos «que vivían en la perpetua orgía de la sangre y del licor con mengua del nombre americano y de la avanzada civilización de este continente»191. Los «agravios» recibidos por Chile primero por parte de Bolivia y luego del Perú permitieron que los «ciudadanos chilenos» se identificaran de manera masiva como víctimas de un orden esencialmente injusto, sustancialmente opresivo y radicalmente excluyente contra el cual solo cabía levantarse en armas, haciendo de la guerra y del uso de la fuerza no solo una opción para fundar los derechos ciudadanos, sino algo necesario, inevitable y sobre todo justo: la única alternativa posible que tendrían las víctimas para instituir lo que les había sido arrebatado por la fuerza. Dado que el orden 95

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