Guerreros civilizadores

editoriales y de artículos y a la reproducción de miles de cartas de soldados, de partes militares y de ilustraciones de los combatientes y de sus acciones en el campo de batalla. La representacion de la guerra como una empresa ciudadana se forjó en el espacio de la opinión publica. Una de las ideas fuerza que surgió en este escenario fue la de una república que, como Chile, trabajó «con sudor de sangre» para enaltecer a Bolivia y para llevarle «el porvenir industrial civilizador». Por ello, era una verdadera desgracia que esos «viles caníbales se cebaran contra sus protectores». La causa nacional era «santa, justa y de honor» porque la verdadera intención de los chilenos fue promover el orden, el desarrollo industrial, el progreso, la cordura y la laboriosidad en Bolivia. ¿Cuál fue el pago que recibieron a cambio de todos sus desvelos? Ser «perseguidos y asesinados sin misericordia»179. Este capítulo analiza las diferentes expresiones de la guerra cívica o de lo que se dio en llamar la epopeya de «una nación en armas». La importante labor que cumplió la sociedad civil chilena en el período comprendido entre 1879-1884 —aquí me estoy refiriendo al quehacer de las milicias provincianas—, de las asociaciones y de la prensa en armas, es un aspecto poco estudiado de la Guerra del Pacífico. Si todo Chile no cabía en el campo de batalla era lógico que se exigiera, como lo hizo el editorialista de El Taller, el apoyo de los que «en medio de las comodidades de su hogar» esperaban por el triunfo nacional. Cada momento ganado en esa cruzada liderada por los civiles significaba «una vida arrebatada al desierto o a las balas enemigas»180. El editorial «La defensa de la patria», publicado en el diario El Chilote, sintetizó el espíritu cívico que reinó en Chile y del que daremos cuenta en este capítulo. «Tomar las armas y marchar a la lid» era el primer deber de todos los ciudadanos chilenos. Mientras las milicias armadas se preparaban para defender la honra nacional, los ancianos y los jóvenes, las damas y los niños, debían también demostrar su apoyo a la causa patriótica. En su revelador artículo el periodista chilote congratulaba a la Municipalidad de Ancud, la cual se organizó rápidamente en «comisión central de la provincia» para colectar donativos para la guerra181. Los periódicos organizaron y difundieron la participación de los civiles en la guerra a nivel nacional. La prensa, asimismo, ejerció una estrecha fiscalización sobre la labor del gobierno central y dotó de sentido a una conflagración internacional que, para amplios sectores de la sociedad, trascendió los aspectos meramente económicos para convertirse en una 92

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