Guerreros civilizadores

que el Perú comprase todo tipo de armas, un hecho que condenaba a Chile a vivir en la zozobra. No solamente eso. Las salitreras peruanas le pertenecían a Chile por derecho de trabajo. En efecto, ellas no formaban parte de un territorio nacional propiamente dicho. Pobladas por indios miserables, a un siglo de la civilización de la costa, la riquísima provincia perteneciente al enemigo era básicamente una gran calichera habitada e industrializada por el brazo y el capital chileno (Bulnes, 1911-1919, III, pp. 616-619). Bulnes no inventó una narrativa original. El prolífico historiador simplemente reprodujo el viejo concepto de la guerra cívica que, de acuerdo a sus promotores, fue peleada por la sociedad chilena en su conjunto. Civiles comprometidos con el esfuerzo bélico de la talla de José Francisco Vergara, Isidoro Errázuriz o Benjamín Vicuña Mackenna coincidieron en señalar que el triunfo en la Guerra del Pacífico no provino del esfuerzo aislado de unos pocos, sino que la victoria estuvo asociada a la actitud de un pueblo decidido a pelear de manera «vigorosa, tenaz y constante» en todos los frentes. La potente acción de Chile, recordó el político y periodista Errázuriz, era el resultado de una gran masa de voluntades, de inteligencias, de abnegaciones, de labores y de sacrificios, puestos al servicio de la patria (Errázuriz, 1882, p. 18). Al igual que Bulnes, Errázuriz opinaba que la presencia de Chile en la frontera norte fue crucial en la transformación de «un arenal improductivo y maldito» en una avanzada de la civilización. Dentro de ese contexto, la decisión expropiatoria de Bolivia debía ser entendida no solo como la ruptura unilateral de un «pacto solemne» sino como el despojo injusto de «una riqueza acumulada merced a la inteligencia, al coraje, al sudor y a la sangre de los chilenos»178. La construcción de la Guerra del Pacífico como la historia de un pueblo en armas defendiendo sus derechos arrebatados por fuerzas déspotas y corruptas se debe al esfuerzo de sus publicistas, en su gran mayoría hombres de prensa ubicados en las salas de redacción de los diarios santiaguinos y provincianos. Si bien es cierto que el mismo Gonzalo Bulnes destacó la labor del periodismo nacional como el gran responsable de la movilización que condujo a Chile a la guerra, el historiador omitió señalar los aspectos organizacionales e ideológicos de la prensa en armas. En este capítulo sostengo que la mayor hazaña de la prensa nativa fue el haber acercado la noción de la guerra cívica a millares de hogares chilenos. Esto fue posible a través de la publicación de centenares de 91

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