los intereses extrarregionales en el desarrollo del conflicto, revísese Kiernan, 1955; y Bonilla, 1979. 171 Cabe subrayar que el mismo Osborn comunicó a su superior que el presidente Aníbal Pinto deseaba poner fin a la guerra valiéndose de la intervención de los Estados Unidos. Una importante aproximación a este tema, debido al uso de archivos norteamericanos, es la de Fernández (2004, pp. 34-45). 172 Eulogio Altamirano a Aníbal Pinto, 29 de octubre de 1880, en AN.FV., vol. 415., f. 182. 173 Siete fueron los requisitos que el gobierno chileno consideró indispensables para firmar la paz con sus adversarios, a saber: la cesión de los territorios de Antofagasta y Tarapacá; el pago de una indemnización de veinte millones de pesos, de los cuales cuatro debían hacerse en efectivo; la devolución de la propiedad chilena nacionalizada por Perú y Bolivia; devolución, asimismo, del transporte Rímac; anulación del Tratado de Alianza Defensiva; retención por parte de Chile de los territorios de Moquegua, Tacna y Arica (hasta que las condiciones previas fueran cumplidas); y, finalmente, el compromiso por parte del Perú de no artillar el puerto de Arica una vez verificada su devolución, pues de ahí en adelante su uso debía limitarse a cuestiones estrictamente comerciales. Para este punto ver «Protocolos de la Conferencia de Arica», en Ahumada (1982, III; IV, pp. 495-503). 174 Los comentarios de Altamirano en carta a Aníbal Pinto, 22 de octubre de 1880, en AN.FV., vol. 415, ff. 178-180. De acuerdo a Fernández, lo mejor para la causa aliada hubiera sido aceptar las condiciones presentadas por Altamirano. De esa forma el conflicto hubiese terminado en dieciocho meses y no en cuatro años. Cabe recordar que las demandas chilenas se recogieron en el Tratado de Ancón, de 1883, con Perú y en el de 1904 con Bolivia (Fernández, 2004, p. 44). 175 De acuerdo a la teoría republicana clásica, las principales cualidades de un ciudadano son el coraje y la determinación para defender su comunidad contra la amenaza de la conquista y la esclavitud. Un cuerpo político que cede ante un extraño se expone, tal como un cuerpo natural, a perder no solo su libertad, sino también su vida. La conquista de una república por otra crea el riesgo de forzar a que los ciudadanos sirvan los intereses de un nuevo amo, cuestión abiertamente antirrepublicana (Fink, 1962, pp. 103-107). 176 En carta al presidente Aníbal Pinto, el plenipotenciario José Francisco Vergara hizo referencia al «espíritu de cultura y moderación» que había «reinado» en las conferencias. Nadie, proseguía, «habría sospechado, al oír hablar y al ver la cortesía y atención» con que se trataban los delegados, que los tres pueblos allí representados se batían simultáneamente en «una guerra mortal» (Bulnes, 1911-1919, II, p. 257). 177 De acuerdo a Quentin Skinner, el hombre está en absoluta posesión de su libertad solo si puede desplegar sus capacidades y perseguir las metas que sirven para lograr propósitos humanos claros; dentro de esa misma línea de argumentación, Charles Taylor ha definido la libertad como un asunto de oportunidades. Al igual que una persona libre, un Estado libre es aquel capaz de actuar de acuerdo a su propia voluntad, persiguiendo los fines que considere adecuados a sus intereses. Este tema ha sido desarrollado por Skinner (1984). 89
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