Relaciones Exteriores. Se trataba de decir en pocas palabras, que gran parte de las noticias propaladas eran falsas y que nuestra situación como beligerantes era excelente». 165 Alberto Blest Gana a Aníbal Pinto, 10 de octubre de 1879 y 30 de octubre de 1879 en AN.FV., vol. 413., f.312-319. Paralelamente a los acercamientos con los tenedores de bonos, Blest Gana prosigue con su tarea de impedir que los peruanos adquieran barcos de Guerra. Sobre los tratos con los tenedores de bonos peruanos ver Domingo Santa María a Alberto Blest Gana, 2 de agosto de 1884, en AN.FV., vol. 414., ff.109111. 166 Alberto Blest Gana a Aníbal Pinto, París 30 de diciembre de 1879, en AN.FV., vol. 413., f.323. 167 Alberto Blest Gana a Aníbal Pinto, 30 de diciembre de 1879, en AN.FV., vol. 413., f.323-328. «Pero si no se anexa esa provincia, ¿cómo asegurarnos el pago de la indemnización de guerra? Negocio es este que merece meditarlo y resolverse de antemano para no dejarse sorprender por los acontecimientos. Yo creo que en este caso podría buscarse la solución en un plan sobre esta base por ejemplo: que los tenedores de bonos obtuviesen de sus respectivos gobiernos que estos, en resguardo de los intereses de sus nacionales, se comprometiesen a hacer respetar por el Perú la prenda de las guaneras en las que, en tal caso, solo tendríamos nosotros que poner interventores para el tanto por tonelada de nuestra indemnización. Con un arreglo como ese nos libramos de la costosísima ocupación militar y podríamos con mucha facilidad, dando por garantía la indemnización, levantar un empréstito en Europa que dejaría nuestra hacienda en una brillante condición. No olvide Ud. que esta idea es sobre la hipótesis de la no anexión y que son los tenedores de bono y no nosotros, los que deben conseguir de sus gobiernos que hiciese respetar la prenda al Perú». 168 El New York Herald y la Guerra del Pacífico (1884), reproducido en edición facsimilar (Ortiz Benites, 2013) constituye una interesante fuente primaria que agrupa una serie de cartas fechadas en Lima y escritas por un corresponsal especial enviado por dicho periódico a Perú y Chile. La correspondencia concitó el interés del público norteamericano en torno a la Guerra del Pacífico. 169 La acción de las potencias europeas se manifestó con ocasión de tres episodios: durante la campaña de destrucción que emprendió Williams contra los puertos peruanos; debido a las instrucciones impartidas al ejército y a la escuadra después de la Campaña de Tarapacá; y a propósito de las consecuencias de la expedición a Mollendo. En mayo de 1880 los representantes de Italia, Francia y Gran Bretaña acreditados en Lima y Santiago intentaron mediar entre los beligerantes (Bulnes, 1911-1919, II, pp. 234-235). Las pérdidas de los extranjeros residentes en Perú han sido analizadas por Worwall, 1981. 170 Este temor había sido expresado tempranamente por los jefes de las legaciones de Estados Unidos en Buenos Aires, Santiago, Lima y La Paz. De hecho, luego del inicio de la guerra, el ministro norteamericano residente en La Paz, señor Pettis, impulsó gestiones para convencer al gobierno boliviano que cediera Antofagasta a Chile a cambio de una indemnización pecuniaria. El ministro Domingo Santa María aceptó las bases del acuerdo, pero después de consultar con el presidente Pinto se negó a continuar las conversaciones (Barros, M., 1970, p. 365). Para una aproximación a la influencia de 88
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