Luego de la derrota del Huáscar, una acción bélica que Blest Gana publicitó por todo lo alto en la prensa europea y norteamericana, la labor de la legación chilena se concentró en «el negocio de los tenedores de bonos peruanos»164. El diplomático era de la idea de que si se dominaba la costa peruana, el gobierno de Pinto podría recuperar los gastos de guerra y adquirir una gran popularidad en Europa. Para que esto último ocurriera era necesario convencer a los «infelices acreedores del Perú» que bajo la hegemonía chilena en el Pacífico Sur ellos podrían finalmente recibir aquello por lo que habían esperado a lo largo de tres largos años. De acuerdo a su razonamiento, el gobierno chileno podía tratar con la mayoría de los acreedores del enemigo, porque si bien era cierto que la minoría, es decir el comité Russell y la compañía del guano contaban con la simpatía del gabinete inglés, tratar solo con ese comité, accediendo a la solicitud patrocinada por Lord Salisbury, era correr el gran riesgo de que una parte del dinero acabara en manos del Estado peruano165. La relación con los tenedores de bonos del Perú, los cuales se encontraban divididos, fue desde los inicios de la guerra «el arma formidable» manejada por el diplomático chileno para evitar que los peruanos obtuvieran fondos para armarse166. Es dentro del contexto de una guerra diplomática cuyo campo de batalla fue Londres, París y Hamburgo que es posible entender el pedido de un grupo de «amigos decididos de Chile», quienes recomendaron a Blest Gana publicar una declaración en forma de carta al representante británico. En esa suerte de velada amenaza, cuyo objetivo principal era desbaratar el plan de los peruanos, se establecía que el gobierno de Pinto no reconocería ningún contrato, firmado después de la declaratoria de guerra, que afectase a las guaneras y salitreras peruanas. Los tenedores debían entender de una vez por todas que el amigo era Chile y el enemigo el Perú. Suponiendo que se llegase a un arreglo con el gobierno de Chile, lo que quedaba por resolverse, de acuerdo a Blest Gana, era el modo de hacer efectivo el arreglo con los tenedores. El antiguo defensor de los marginados opinaba que si se anexaban los territorios peruanos, el problema quedaría resuelto por sí solo, puesto que si Tarapacá pasaba a convertirse en territorio nacional era al Estado chileno al que le correspondería, por derecho de guerra, la administración de las guaneras167. VI. REFORMULANDO LA TRADICIÓN REPUBLICANA 70
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