Guerreros civilizadores

accesorios» a través de la compañía Kesnos. Blest Gana no disminuyó su ritmo de actividad conducente a buscar armamento barato y de calidad para Chile a pesar de que los diarios ingleses y los rumores preveían un arreglo pacífico con Bolivia152. A un día de la declaratoria de guerra al Perú, el encargado de la legación del país beligerante reportó su viaje a Prusia, donde se trasladó para arreglar tanto la compra de los cañones Essen como el flete de un vapor para llevar la carga bélica desde Hamburgo a su destino final. Su mayor preocupación en ese momento era que el Banco Oriental le negara los fondos para unas compras que debían hacerse al contado. Debido a que una de sus tareas era mantener la imagen de Chile en el exterior, Blest Gana confiaba que el gobierno, gracias al empréstito realizado a propósito de la guerra, afrontaría, inmediatamente, el servicio completo de su abultada deuda externa. Esto ayudaría restablecer «la perdida confianza» en la solvencia de la república que él representaba en Europa. El hábil diplomático opinaba, asimismo, que la declaratoria impondría «inmensas dificultades» al envío de artículos de guerra153. Alberto Blest Gana Desde los inicios de la conflagración Blest Gana se propuso organizar una red de contactos, entre los cuales destacó la Casa Gibbs. Fue a su sede comercial de Valparaíso donde envió sus comunicaciones mediante partes cifrados, lo que permitió evadir el espionaje peruano154. El embarque del material de guerra desde Europa fue otro de los espinosos asuntos que Blest Gana debió resolver. En mayo de 1879 escribió a Pinto para comunicarle cómo «los temores mas escrupulosos» de los armadores del viejo continente le hacían casi imposible fletar vapores con rumbo a Chile y era por ello que se vio obligado a «tomar un camino indirecto». Este era 68

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