de lo posible. «Las relaciones entre los generales», le confiaba a Pinto su enviado especial, se mantenían «cordiales en apariencia» aunque en el fondo todos se aborrecían. Era «curioso punto de mira un campamento para observar caracteres» debido a que en vísperas de los grandes acontecimientos, como lo era la decisiva batalla que se avecinaba, todos descubrían sus verdaderas ambiciones. En virtud de ello, el secreto para imponer la voluntad del gobierno sobre la corporación militar consistía «en avivar» entre los generales «el fuego de las ambiciones»150. Una destreza similar a la exhibida por Sotomayor, Santa María y Altamirano en el trato con el comando militar fue la que el discípulo de José Victorino Lastarria, Alberto Blest Gana, desplegó en el frente internacional. Tanto con los vendedores de armas como con los tenedores europeos de la deuda peruana, Blest Gana, cuyo Martín Rivas ha sido considerado como la primera novela moderna de Chile, también mostró en su accionar las imbricaciones de valores nuevos y viejos. Nacido en Santiago en 1830, Blest Gana ingresó al Instituto Nacional en 1841 y en 1843 a la Escuela Militar. En 1845 formó parte de una delegación que el gobierno envió a Francia, donde perfeccionó sus estudios técnicos y se graduó como ingeniero militar en la especialidad de topografía. Luego de permanecer seis años en Europa regresó a Chile y enseñó en la Escuela Militar. En 1853 dejó el ejército y pasó a desempeñar el cargo de funcionario civil del Ministerio de Guerra. En 1864 fue nombrado intendente de Colchagua y luego de finalizada aquella labor partió al extranjero, dando inicio a una larga carrera diplomática que lo alejó para siempre de su patria. En 1866 Blest Gana recibió el nombramiento de encargado de negocios en Washington y en 1868 el de ministro en Londres. En 1870 se le extendió plenipotencia para casi todas las cortes europeas, con sede en París. Su misión, la más larga que ha cumplido un diplomático chileno en una sola sede, duró hasta 1887151. De las redes que el diplomático y escritor logró articular a lo largo de sus extensos años de carrera burocrática y de su capacidad diplomática dependió, en gran medida, que la maquinaria de guerra lograse asegurar la capacidad destructiva que se requería para la consecución de los objetivos de la administración Pinto y luego de la de Santa María. La correspondencia cursada entre Blest Gana y Pinto permite seguirle la pista al quehacer del aprovisionador de armas y de vestuario del ejército expedicionario. El 21 de marzo de 1879 el diplomático dio cuenta al presidente del envío de «una remesa de cien mil tiros varios con balas y 67
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