Guerreros civilizadores

trabada por múltiples problemas que no fueron solo culturales sino logísticos. A raíz de la muerte de Sotomayor en vísperas de la batalla de Tacna, Santa María señaló que su fallecimiento se debía a los sinsabores y ratos de amargura que le causaban la indisciplina y la desmoralización del ejército que «ya ni a él respetaba». En una de las últimas cartas escritas por el presidente en campaña se corroboraba lo anterior: «Paso horas amargas, esos bribones de la Infantería, en mis mayores apuros para proveer de víveres al ejército quitan las mulas a los arrieros, les roban sus aparejos, y de 1500 mulas que tengo, apenas cuento con algunas pocas para conducir forrajes y víveres». Confesaba estar desesperado esperando dar batalla en Tacna para irse a su casa a descansar146. Es innegable que la maquinaria bélica, ese caos que el presidente en campaña fue organizando en la medida de sus posibilidades, tarea que no lo dejó ver a su hija que lo reclamaba antes de morir, no hubiera logrado desplegarse en territorio enemigo a no ser por la labor constante de otros operadores de la talla de Eulogio Altamirano147, quien luego del fallecimiento de Sotomayor representará junto a José Francisco Vergara la voluntad de La Moneda en el teatro de operaciones. Altamirano, quien fue uno de los primeros en reconocer el alto costo que le suponía al Estado el operar tan solo desde el Valle Central —donde tanto el Congreso como la prensa paralizaban la mayoría de sus iniciativas —148, fue descrito como un representante fiel del liberalismo en el poder: sin convicciones «arraigadas», de «fácil dialéctica» y dueño de un pragmatismo que era responsable de «todas las audacias imaginables». Cabe recordar que quien fue la mano derecha de Federico Errázuriz se graduó de abogado en 1859. Luego de ejercer su profesión como juez de letras en Talca, Valparaíso y Santiago, sirvió en las carteras de Justicia y Culto, Relaciones Exteriores y Guerra y Marina. Cuando Pinto asumió la presidencia, Altamirano fue nombrado Consejero de Estado, Intendente de Valparaíso, Secretario General del Ejército en Campaña y Ministro Plenipotenciario en Guerra. El momento de gloria de ese fiel servidor del Estado chileno al que El Nuevo Ferrocarril describió como «el hombre de los hechos prácticos»149, llegó, como veremos en el último capítulo de este libro, cuando representó al gobierno de Pinto en la ceremonia de rendición de Lima. La «carta reservada» que escribió en vísperas del asalto sobre la capital peruana resume el tipo de tácticas políticas que fueron utilizadas por los «directores supremos» para domesticar al ejército nacional, expandiendo de esa manera el radio de influencia del Estado a los límites 66

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx