Guerreros civilizadores

los oficiales, las críticas de la prensa y del Congreso y la titánica tarea logística que significó movilizar, en menos de un año, un contingente de 25 000 combatientes. No se puede entender la labor de Sotomayor, quien desde los inicios de la guerra colocó a Lynch bajo su protección, si no se tiene en cuenta su entrenamiento político y administrativo que empezó en la región del Maule donde, con su título de abogado bajo el brazo, dio inicio a su impresionante carrera burocrática. Luego de un paréntesis en el que se trasladó a California en pos de una fortuna que le fue esquiva, el futuro presidente en campaña regresó a Chile, donde, en un período que cubre algo más de una década, fue escalando una a una las más importantes posiciones políticas y administrativas de su país. La trayectoria de servicio público de Sotomayor, que lo llevó de juez de letras a intendente (primero del Maule y luego de Concepción) y de ahí a importantes ministerios tanto en la administración Montt (Justicia, Culto e Instrucción además de ejercer el interino del Interior y Relaciones Exteriores y el subrogante de Guerra y Marina) como en la de Pinto (Hacienda y Guerra) dotó al Comisario General de una capacidad de organización en verdad excepcional. En la copiosa correspondencia que sostuvo con su alter ego, Pinto, se hace evidente el esfuerzo en múltiples direcciones que desplegó quien ha sido señalado como «el organizador de la victoria» chilena. Su labor —que fue logística de cara a las más importantes operaciones militares; política con respecto a la compleja distribución de los ascensos militares y estadística en su seguimiento pormenorizado de las raciones alimenticias que necesitaban los soldados y las raíces y forrajes que requería la caballada— será, junto a su papel de árbitro entre las facciones militares, parte de la tarea que Sotomayor cumplirá a nombre del gobierno. 64

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