Guerreros civilizadores

comandante), además de mostrar las tensiones que se vivían al interior del ejército expedicionario brinda luces sobre la práctica del «descuartizamiento» del camarada como mecanismo informal para ganar ascensos o eximirse de responsabilidades (Fernández Larraín, 1963, p. 113)133. Aunque Baquedano se encargó de asegurarle a Pinto de que en el ejército bajo su comando no reinaba más que la unidad, el sentido de honor y del deber134, la disputa abierta por el reconocimiento público, que indudablemente potenció a la máquina de guerra, alteró también el frágil equilibrio interno de la corporación que la sostenía. Así se lo hizo saber Santa María a Pinto cuando le relató el problema suscitado a raíz del parte militar de Velásquez contra Santa Cruz, además del maltrato inferido por el capitán de Ingenieros Orrego contra Escala, a quien los soldados llamaban jocosamente «el general Broon de la zarzuela»135. A ese ataque contra un oficial de alto rango del ejército expedicionario le sucedió un artículo que acusaba a Arteaga de la derrota en Tarapacá. La injuria constante contra los comandantes solo podía llevar a la pérdida de prestigio del ejército de Chile y como consecuencia de ello a que se socavara el respeto por las jerarquías que debía tener todo soldado136. «Hay una costumbre maldita en nuestros oficiales», le señaló Santa María a Pinto. Esta era «escribir a Santiago a sus deudos y amigos» lo primero que se les ocurría sobre las operaciones militares del ejército en campaña. El tráfico de información entre el teatro de operaciones y la capital chilena contribuía a falsear la opinión dando pie a «cuentos y enredos». Los jefes anticipaban juicios sobre sucesos que no conocían completamente. Santa María condenó el envío de cartas «angustiosas y de censura» desde los campamentos a las salas de redacción de los periódicos chilenos. Esta costumbre de criticar al superior se había generalizado de tal manera que los soldados, al igual que sus jefes, también exhibían una costumbre que dañaba la moral del ejército137. En el marco de un sistema en que el militar estaba siempre expuesto a la condena pública —lo que a su vez le brindaba a La Moneda la posibilidad de una depuración constante de la fuerza expedicionaria—, en la correspondencia entre Pinto y su círculo más cercano es posible identificar al menos dos desarrollos. El primero es la evaluación permanente de comandantes, coroneles y generales por parte del comando civil138, y el segundo los usos que dio La Moneda al sistema de «premios y castigos» con la finalidad de crear un comando a su imagen y semejanza139. La 62

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