apologética del presidente guerrero es que el republicanismo que este profesó como una suerte de religión civil reconocía a la violencia como un arma para ocasiones extraordinarias. En efecto, dentro del catálogo republicano era posible hacer uso de la guerra para salvar a la república de cualquier peligro tanto externo como interno109. Una lectura detenida de la copiosa correspondencia que Pinto sostuvo con Santa María y Sotomayor, así como la cursada con los diferentes comandantes militares encargados de las operaciones bélicas, da cuenta de la habilidad estratégica que exhibió el presidente y muestra su actividad organizativa desplegada en el puerto de Valparaíso, indudablemente la punta de lanza de «Chile nuevo»110. El primer punto que debe quedar claro es que para Pinto el objetivo militar era la provincia peruana de Tarapacá. Dueño de ese riquísimo territorio, el Estado chileno «podría costear los gastos de guerra». Después de capturar «la poderosa caja de fondos del Perú», la marina nacional procedería a hostilizar al enemigo «hasta obligarlo a la paz». Dentro del plan maestro de Pinto estaba el ataque a los departamentos del norte peruano por parte de la escuadra, una misión que, como bien sabemos, posteriormente se encomendó a Patricio Lynch. La pregunta que obsesionó a Pinto y que lo mantuvo insomne «resolviendo» en su cabeza «planes de campaña» tiene que ver con el plan maestro del aparato político-militar bajo su comando, el cual fue planteado desde el inicio de la guerra con extraordinaria claridad. «Nuestro objetivo —le recordó a su futuro sucesor Santa María—, es apoderarnos de Tarapacá y el problema que tenemos que resolver es la manera de conseguirlo»111. Porque si bien el inmenso desafío de la expedición del norte estimuló a que el jefe de Estado imaginase múltiples escenarios bélicos112, resulta obvio al leer su correspondencia que el foco de toda su atención fue la rica provincia salitrera peruana113. Es importante señalar, sin embargo, que para Varas aquello que los directores de la guerra definían como «la operación sobre Tarapacá» no era del todo recomendable. La irrupción de la república sudamericana en territorio ajeno podía crear una situación difícil al proveer «al objeto de la guerra» de un carácter que el representante de «Chile viejo» deseaba a todas luces evitar114. El valor monetario de la región cuya posesión perturbaba el sueño de Pinto era en verdad incalculable. De acuerdo al informe que el analista norteamericano Albert Brown publicó en 1884 en el Journal of the American Geographical Society de Nueva York, el mundo obtenía de la 54
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