describió la oratoria cargada de «rabia» exhibida por la eminencia gris de la administración Montt. Las frases de Varas fueron comparadas a «mordiscos» en los que el aludido no solo mostró los «dientes» sino la impaciencia de un «tigre» sorprendido en su «guarida» con la «presa» entre las manos101. Comentarios como el anterior ponen en evidencia la naturaleza de aquella cacería política en la que estaba embarcada la oposición a Pinto102. Respecto al «efecto pernicioso» que sobre los intereses del Estado tenían ese tipo de procedimientos dio cuenta el ministro, interpelado en innumerables ocasiones. En la misma línea argumentativa, Aníbal Pinto reflexionó, en público y en privado, sobre la ausencia de patriotismo que reinaba entre aquellos «charlatanes y vanidosos» que se autoproclamaban representantes del pueblo. El «lenguaje de taberna» que primaba en el Congreso de la República, junto con su «inepcia» y su falta de discreción, solo podían servir de aliento a los enemigos de la república. La frustración del presidente se volcó en las páginas de su diario personal, donde señaló que «era muy ingrata la tarea» de dirigir la guerra en circunstancias tan difíciles, cuando el gobierno era fiscalizado por «tontos» como Fabres y Walker Martínez y por «pillos» como Rodríguez y otros por el estilo (Zegers, 1969, p. 51). A pesar de las declaraciones públicas que como la que desde Ancud demandaba «patriotismo y unión» a una república que estaba a punto de emprender un conflicto internacional, la guerra no logró aquietar los faccionalismos políticos, que empezaron a hacerse más notorios en la medida que los problemas propios de toda conflagración internacional empezaron a aparecer103. En Caldera los inconvenientes estallaron en el seno de las comisiones encargadas de organizar el apoyo a los expedicionarios. En Coquimbo, una de sus autoridades señaló en una comunicación oficial que debido a cuestiones burocráticas ligadas a decisiones del gobierno central, los voluntarios coquimbanos no lograron alistarse en el ejército expedicionario, lo que ocasionó gran frustración y un decaimiento del «espíritu público» en esa provincia104. En la región del Maule las maniobras de un juez de letras bloquearon la labor del intendente, haciendo imposible la remisión de los contingentes maulinos al teatro de operaciones105. La prensa santiaguina puso en evidencia cómo el interés desmesurado en las cuestiones electorales era contraproducente para la causa liberal106. Desde Antofagasta el comandante militar José Velásquez se quejó de las serias deficiencias logísticas que él observaba en la zona ocupada, donde el general Emilio Sotomayor no era bien querido 52
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