Guerreros civilizadores

solitario, entre el 19 de abril y el 16 de agosto de 187993. Una lectura detenida del Libro de Acuerdos del Consejo de Ministros, una suerte de manual de procedimientos para una nación en armas, permite analizar la magnitud de la contribución que Varas hizo a la administración liberal. Unos meses antes de que la captura del «Rímac»94 sellara la suerte del segundo gabinete de guerra de Pinto95, el primer ministro y su equipo de trabajo resolvieron temas tan fundamentales para Chile como la cantidad y calidad del contingente militar con el que contaba, sus finanzas públicas, su frente interno, los posibles escenarios bélicos, las relaciones entre el Estado y la sociedad civil, el frente externo y —teniendo en cuenta el «rumbo» que tomaron «los sucesos»— la posibilidad de «perseguir alteraciones en los límites del Perú»96. A pesar de que el ministerio presidido por Varas duró escasos cuatro meses, no resulta exagerado afirmar que fue su liderazgo el que dotó al país de una plataforma políticomilitar y de una hoja de ruta para enfrentar la guerra. Esa tarea, que no ha sido evaluada en toda su complejidad, fue sumamente enojosa, no solo para el primer ministro —quien fue «objeto de muchas cóleras» por ser considerado por sus adversarios como el principal responsable del «desastre, la impotencia y la ruina» de Chile— sino para los gabinetes que le precedieron y los que sucedieron al suyo97. Tanto el ministerio de Prats (5 de agosto de 1878 a 17 de abril de 1879) como el de Santa María (20 de agosto de 1879 a 16 de junio de 1880) y el de Recabarren (16 de junio de 1880 a 18 de setiembre de 1881) operaron en un escenario interno caracterizado por el faccionalismo, el parlamentarismo en fases crudas y la interminable disputa de ambiciones entre los diversos grupos de interés. En ese difícil contexto la prensa, a la que José Francisco Vergara acusó de manchar honras ajenas con torrentes de «tinta y de hiel», se convirtió, como veremos en el siguiente capítulo, en el árbitro supremo y en la caja de resonancia de una infinidad de conflictos particulares98. La administración de la guerra por parte de La Moneda ocurrió en medio de la guerrilla cotidiana de los partidos, de la Cámara y de los ataques permanentes de la prensa hacia Pinto y sus colaboradores de turno (Zegers, 1969, pp. 32, 52, 55)99. En un ambiente crispado en el que «cualquier contratiempo en la guerra» podía «precipitar al país en la anarquía»100, tanto el presidente como sus ministros debieron someterse regularmente a las interpelaciones, y la de Varas fue probablemente una de las más espectaculares. A propósito de ese evento de gran trascendencia política, el redactor de las «Crónicas parlamentarias» de El Nuevo Ferrocarril 51

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