Guerreros civilizadores

Otro notable confidente de Varas fue Eulogio Altamirano, a quien nos hemos referido con anterioridad y al que volveremos en la próxima sección del capítulo. De todos los corresponsales de Varas, Altamirano fue sin lugar a dudas el más importante, tanto por el caudal de información que guardan sus cartas como por una trayectoria política que lo convierte en una suerte de bisagra entre el «Chile viejo» y el «Chile nuevo»84. A través de la correspondencia de quien también encabezó la delegación chilena en las conferencias a bordo del «Lackawanna —corbeta norteamericana fondeada en el puerto de Arica, donde se realizaron, en octubre de 1880 a instancias de los EE.UU., las conversaciones de paz que no llegaron a ningún resultado— es posible aproximarse a la febril actividad que se vivió en la ciudad de Valparaíso85. Fue en función del control político que el intendente ejerció sobre ese puerto estratégico que Varas le solicitó organizar una red de espionaje en «los vapores del Pacífico». Aparte de operaciones encubiertas cuya finalidad era nutrir al gobierno con información de primera mano86, en las cartas cruzadas entre Altamirano y Varas se discutieron un sinnúmero de aspectos logísticos de la guerra, como el abastecimiento de carbón para los barcos de la armada, el entrenamiento y formación de las vanguardias militares, la provisión de armamento —en especial de torpedos, cartuchos metálicos y uniformes—, el trabajo en los astilleros, la negociación con las casas comerciales extranjeras, entre otros más87. La información clasificada que llegó a manos de Varas a través de sus corresponsales, ubicados en diferentes puntos estratégicos, guarda relación con «las variadas hipótesis» de trabajo que respecto al territorio a invadir se hallaba a la fecha desarrollando el primer ministro de Pinto88. Para el que fue mano derecha de Montt era de «una incuria imperdonable emprender operaciones de importancia sin un estudio concienzudo», el que obviamente debía hacerse en secreto89, es decir al margen de «la impaciente curiosidad del público»90. Las cartas que desde Antofagasta le envió Francisco Puelma, agente privado y confidencial del gobierno91, las impresiones que desde el frente de batalla recibió del comandante José Velásquez o las largas epístolas de Sotomayor, quien confesó al viejo amigo y copartidario el papel de árbitro que debió desempeñar con los «señores marinos», sirvieron para que Varas colectara de manera privada y sistemática una documentación vital sobre todos los aspectos de la guerra92. No cabe duda de que parte de esa información fue la que nutrió el Libro de Acuerdos del Consejo de Ministros sobre las operaciones militares que Varas redactará, casi en 50

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