Guerreros civilizadores

desarrollos que deben ser analizados en detalle. Como lo prueban los notables ejemplos de Antonio Varas y de Rafael Sotomayor, la organización de la maquinaria bélica dependió de la labor disciplinada del remanente de un núcleo estatal que, aunque debilitado por los embates de sus enemigos, estuvo en condiciones de asumir la defensa de la república en un escenario de guerra internacional. El trabajo permanente de un puñado de operadores, entre los que destacan Eulogio Altamirano y Santa María, quienes negociaron a nombre del Estado con unas vanguardias militares no solo faccionalizadas sino también reacias a ceder sus viejas prerrogativas, muestran los frutos concretos de varias décadas de entrenamiento en la contingencia electoral. El instrumento del que se valió el gobierno central para cumplir su objetivo principal, que era obviamente derrotar al enemigo, fue la política de ascensos, un mecanismo que le permitió crear un nuevo comando militar, depurando así al viejo ejército chileno en el transcurso de la guerra. Como bien lo prueba el caso paradigmático de Patricio Lynch, esta estrategia posibilitó la creación de un comando a imagen y semejanza de las necesidades y objetivos de La Moneda. La lectura de la copiosa correspondencia cursada por Varas a diferentes figuras diplomáticas, políticas y militares durante los meses que ejerció la jefatura del gabinete y la cartera del Interior, permite aproximarse a la red de la cual dispuso uno de los operadores más diestros de la máquina de la guerra que Chile fue perfeccionando entre 1879 y 188181. Un corresponsal ciertamente importante por la cantidad de información que le proveyó fue Rafael Vial, a quien la declaratoria a Bolivia lo encontró en Lima. Vial, quien confesó tener listas las maletas en caso el conflicto se extendiese a territorio peruano, instruyó puntualmente a Varas sobre la actividad bélica de sus anfitriones. En especial, lo tuvo al tanto de los intentos por parte del Perú de comprar armamento en el extranjero, aconsejando incluso sobre las maneras de detener dichas transacciones. Por su conocimiento exacto de la vida política peruana, el sagaz informante brindó datos muy precisos sobre las personalidades más destacadas del país al que consideró, desde ya, como un enemigo potencial del suyo, confesando incluso estar involucrado en algunas labores de espionaje82. A propósito de ello Vial, quien más adelante se convirtió en publicista del gobierno en Valparaíso, señaló estar dispuesto a «todo» con tal de «descubrir un secreto importante para la seguridad de Chile»83. 49

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