Guerreros civilizadores

acumulada por los liberales a través de varias décadas de luchas por el poder. Diestros operadores, además de dueños de una práctica afianzada en el campo de la contingencia, los liberales fueron representados en la guerra por Pinto, por el converso Eulogio Altamirano o por el súper ministro Santa María, bajo cuyas órdenes servirá el radical José Francisco Vergara, quien junto con otro discípulo de Lastarria, Eusebio Lillo, defendió al Estado chileno en la trascendental Conferencia de Arica. Las vanguardias liberales contaron además con el apoyo invalorable de uno de sus más importantes representantes: Alberto Blest Gana, creador del paradigma del ascenso social en una república reacia a abrirse al cambio, situación que narra en su novela Martín Rivas. Blest Gana realizó una labor fundamental ante los gobiernos y cortes europeas con la finalidad de armar a Chile y desarmar militar y económicamente al Perú. «Chile nuevo» requirió del esfuerzo de «Chile viejo». En efecto, fue en la Araucanía donde se fogueó el comando militar sin el cual hubiera sido imposible desembarcar veinticinco mil hombres en las playas de Curayacu. Así, Manuel Baquedano, vencedor en las cinco batallas que definieron la Guerra del Pacífico; Cornelio Saavedra, primer jefe político militar de Lima; Alejandro Gorostiaga, «Pacificador de la Sierra» peruana y vencedor de Huamachuco; e incluso el mismo Pedro Lagos y Ambrosio Letelier, fueron entrenados en la sangrienta y prolongada guerra que «Chile viejo» peleó por siglos en el indomable Arauco. III. LA MÁQUINA ESTATAL DE ‘CHILE VIEJO’ Y LOS DESAFÍOS DE UNA GUERRA INÉDITA Los excesos de una «enfermedad» política cuyo síntoma principal fue el faccionalismo, es decir «las luchas de partido», no lograron comprometer «el resorte principal de la máquina estatal» (citado en Eyzaguirre, 1995, p. 159). Este juicio de Santa María será corroborado por Albert Browne, quien mostró pública admiración ante la maquinaria política exhibida por la República de Chile. Fue el manejo eficiente de aquella lo que determinó el triunfo chileno frente a Bolivia y el Perú (Browne, 1884). A partir del estudio detenido de centenares de cartas privadas que reposan en el Archivo Nacional es posible reconstruir la evolución de la política de Estado que el gobierno de Chile diseñó y reformuló a lo largo del conflicto con sus vecinos. Este proceso, en el que los acuerdos y arreglos privados ocurrieron al margen del dominio de la opinión pública, exhibió 48

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